¡Hazlo! es una de las máximas que Seth Godin pregona a cada momento. Este empresario estadounidense de origen judío es considerado uno de los mayores teóricos de marketing interactivo del siglo XXI.

Graduado en Informática y filosofía y Máster en Administración de empresas, de 1983 a 1986, trabajó como jefe de marca en Spinnaker Software, colaborando con escritores tan ilustres como Arthur C. Clarke y Michael Crichton. En 1995, fundó la empresa Yoyodyne Entertainment, especializada en marketing interactivo, adquirida por Yahoo! en 1995.

Además de ¡Hazlo!, el libro que cayó en mis manos un poco por casualidad, es autor de numerosos volúmenes como La vaca púrpura, la mayoría de ellos centrados en estrategias de ventas y diferenciación.

Seth-Godin

Seth Godin (sethgodin.com)

¡Hazlo! no es un libro propiamente dicho, sino una recopilación, supuestamente revisada de algunas de las entradas publicadas en su blog. Seth Godin es conocido por ir a contracorriente de Google y su obsesión por el SEO, ya que escribe entradas muy cortas (apenas una frase en alguna ocasión) y no trabaja demasiado su contenido, sino que en muchas ocasiones más que de entradas estamos hablando de pequeñas reflexiones a salto de mata.

¡Hazlo! —libro que lleva por subtítulo “¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?”— está orientado a emprendedores noveles, pero no necesariamente en el campo más profesional, sino a todo aquel que quiera iniciar un proyecto, del tipo que sea —desde probar una nueva receta de cocina a cambiar la decoración del despacho—.

Una de las razones por las que Godin se ha hecho tan conocido es, por un lado, lo llano del lenguaje que emplea, totalmente ajeno a tecnicismos y, por el otro, que, en realidad, no nos descubre nada nuevo, sino que se limita a recordarnos cosas que ya sabemos pero que a veces nos da por olvidar.

Por eso, leyendo ¡Hazlo!, no he podido evitar identificarme en algunas de las situaciones que expone y he subrayado una decena de párrafos que han ido directos a mi libreta de citas. Y a raíz de esas citas, quería compartirlas con vosotros orientándolas hacia la escritura.


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¿Cuál es el coste de escribir?

Seth Godin lo dice muy claro:

Cuando el coste de intentarlo es inferior al coste de no hacer nada, entonces, ¡deberías intentarlo!

¿Cuántas horas desperdicias al día?No hablo de descansar, que también es necesario, sino de esos momentos en los que, admítelo, pareces un zombi tirado en el sofá. ¿Quieres escribir más, leer más? ¿Crees de verdad que no tienes tiempo o que “eso cuesta mucho? Te invito a que, por una semana, lleves un control de a qué dedicas tu tiempo. Estoy casi segura de que te sobran minutos por todas partes para hacer alguna actividad con la que puedas disfrutar.

Hace poco me preguntaban en Instagram de dónde sacaba el tiempo para leer. La respuesta es clara: llevo el libro a todas partes. Diez minutos en el tren entre estación y estación, quince haciendo cola en la oficina de Correos —soy muy asidua de Correos y pierdo una barbaridad de tiempo ahí—… parecen minucias pero el tiempo se acumula y los libros se terminan.

¿Cuál es la pérdida? Si lo analizáis bien, ninguna: podéis coger libros en la biblioteca y para escribir no necesitáis más que papel y lápiz. La inversión no puede ser más pequeña. Pero, a cambio, puede que escribáis un relato o una novela de la que os sintáis orgullosos o que leáis un libro que os sacuda desde vuestros cimientos. La decisión es vuestra.

Termina lo que empiezas

Empezar implica acabar. Si no intentas hacerlo realidad, habrás fracasado. Sin dar el paso, no avanzas.
Limitarse a empezar algo sin acabarlo es pura fanfarronería, entretenimiento o pérdida de tiempo. […] En algún punto tu trabajo tiene que cruzarse con el mundo que lo rodea. En algún momento necesitarás críticas y comentarios para saber si funciona o no. De lo contrario, no es más que un pasatiempo.

Godin no es el único en insistir en este punto. Neil Gaiman, en una de sus Ocho reglas para escribir, también afirmaba “Termina lo que estás escribiendo. No importa lo que tengas que hacer para terminarlo, termínalo”.

Realmente lo que importa no es tanto el resultado final como la satisfacción de saber que lo has conseguido, que has llegado hasta el final; este será el motor que te animará con el siguiente proyecto. Pero si siempre dejas todo a medias, sin acabar, porque lo ves muy difícil o porque has perdido interés, se te hará más cuesta arriba el próximo proyecto al que te lances.

Puede que —como me pasa a mí muchas veces— le des mil y una vueltas a un tema antes de decidirte. Pues en ese caso valora lo que pierdes realmente si fallas —¿Tanto sacrificio puede ser dedicar una decena de horas a un relato para un concurso, aunque al final no ganes?—:

cuando llega el momento de empezar, a algunos nos asaltan las dudas. Nos contenemos y nos prometemos investigar más, esperar a que llegue el momento oportuno y a que nuestro público sea más amable.

Toma conciencia de que tú eres el responsable de lo que haces

Las personas creativas o aquellas que tienen algo que decir creen que tienen que esperar a que alguien les elija.
Los escritores, por ejemplo, esperan a que algún agente los elija, y que más tarde lo haga un editor. Entonces hacen campaña para aparecer en algún titular de prensa y, de ese modo, llegar a los lectores que finalmente leerán sus libros. Si consigues que Oprah te escoja, todo vendrá rodado.

“¡Elígeme! ¡Elígeme!” Esta inquietud responde al poder del sistema y traspasa a otra persona la responsabilidad de tomar la iniciativa. “¡Elígeme! ¡Elígeme!” incluso te libera de toda culpa.
Si no te eligen es su culpa, no la tuya.

Tengo la impresión de que el campo creativo es uno en los que más fácil es difundir tu trabajo, y sin embargo aún hay una barrera, un miedo psicológico enfrentarse a la valoración de los demás. ¿Por qué nos importa tanto? Y aún más importante ¿De verdad creemos que hay tanta gente ahí fuera interesada por lo que hacemos?

Estas y otras preguntas son las que me planteado leyendo ¡Hazlo! que quería dejar aquí reflejadas. No ofrezco respuesta, pero espero que os hagan meditar sobre vuestra propia actitud con los proyectos en los que os involucráis.

¿Soléis leer este tipo de libros? ¿Os aportan algo? ¿Tenéis alguna respuesta a las preguntas planteadas? Los comentarios están a vuestra disposición. 

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