La semana pasada tuve la oportunidad de participar en un proyecto articulado alrededor del lenguaje del que quiero hablaros hoy. Se trata de la performance Excavación permanente, organizada en  Azkuna Zentroa, en Bilbao.

El proyecto Excavación permanente

Excavación Permanente surge del proyecto El desenterrador que llevó a cabo en 2014 la compañía artística Sociedad Doctor Alonso, integrada por Tomás Aragay (director de teatro y dramaturgo) y Sofía Asencio (Bailarina y coreógrafa), entre otras personas.

El objetivo de este ejercicio, en sus propias palabras, es «desenterrar palabras, excavar para buscar su estado original, quitándoles las capas de interpretaciones, malos entendidos o apropiaciones que se les han ido sumando a lo largo del tiempo, como capas de sustrato en la tierra. Indagaremos sobre palabras que han cambiado su significado, palabras tabú, palabras perdidas o abandonadas… Vamos a buscar su sentido real y figurado.»

A raíz de este proyecto participamos en dos dinámicas muy interesantes que dieron pie a reflexionar sobre cómo nos enfrentamos al lenguaje:

La mayeútica aristotélica y los estratos de Nicolai Hartmann.

Por un lado, aplicamos el método o técnica de la mayeútica, que consiste en realizar preguntas  guiadas a una persona hasta que ésta descubra conceptos que estaban latentes u ocultos en su mente. Esta técnica presupone que la verdad está oculta en la mente de las personas y que puede descubrirla a través de la reflexión y la dialéctica.

Por otro lado, también trabajamos en la línea del filósofo Nicolai Hartmann, que en su obra La estructura del mundo real enunció una teoría por la que todo se podía englobar en cuatro estratos o niveles que conformaban un trapecio. De abajo arriba: lo inorgánico, lo orgánico, lo psíquico y lo cultural. Cuanto más subimos en ese trapecio, los cambios son más evidentes, la realidad varía de forma notoria y observable, mientras que en los niveles inferiores los cambios son más lentos y previsibles. (Esta explicación es bastante simplista, como podréis entender. Si os interesa la cuestión, podéis buscar algo más de información sobre Hartmann aquí o aquí)

Primera dinámica: toma de contacto

Antes de empezar, podéis leer la dinámica completa, sus normas y formas de trabajo aquí. Yo me limitaré a hacer un resumen y a dar mis impresiones.

La idea del ejercicio es excavar desde lo más superficial, desde el discurso cultural hasta llegar al verdadero valor de las palabras, ya que Hartmann consideraba que existían una serie de valores que pertenecen al campo de lo inorgánico, que evocan siempre lo mismo y apenas varían con el tiempo, valores como la pureza, la virtud, la nobleza….

La dinámica consistió en formar grupos de tres personas, donde una de ellas era la encargada de preguntar, con el objetivo de ayudar a pensar a la que respondía. La tercera persona se mantenía al margen y sólo tombaba notas de la dinámica, de sus impresiones, etc. El ejercicio tuvo una duración de media hora antes de poner en común la experiencia con los otros grupos. En nuestro caso, la palabra sobre la que trabajamos fue Renuncia.

A mi me correspondió el papel de preguntadora. La experiencia es, sin duda muy intensa. Es muy difícil preguntar sin ejercer una presión para dirigir a la otra persona a tu terreno. Exige escuchar con mucha atención, dejar de lado en la medida de lo posible las interpretaciones subjetivas y, sobre todo, respetar los silencios. Esta dinámica te obliga a hacer algo que cada día practicamos menos: pensar lo que vamos a decir y su intencionalidad, y escuchar a la otra parte.

Algunas conclusiones que se extrajeron cuando se pusieron en común las experiencias fueron las siguientes. Algunas reflexiones están relacionadas con el uso del lenguaje en general y otras están más orientadas al objetivo del ejercicio y las normas impuestas para su consecución.

  • La primera pregunta es la más importante, porque es la que va a dirigir el resto del ejercicio. Por eso es muy importante no lanzarse, tomarse un tiempo y reflexionar, empezando la dinámica desde el silencio. Las preguntas son una herramienta muy útil y para aprovecharlas al máximo deberían ser claras, sencillas y lo más alejadas posibles del «yo», deben ser universales y genéricas para conseguir el objetivo de la excavación.
  • El lenguaje tiene mucho de poético, de expresividad subjetiva, y podemos valernos de ello para llegar más allá de lo que nos permitiría el lenguaje racional. Además, el lenguaje de cada uno tiene un ritmo definido, una musicalidad a la que debemos prestar atención. Es ahí también donde cobran importancia los silencios, porque pueden decir mucho más que las palabras.
  • A la hora de responder, debemos evitar relativizar el lenguaje, porque esa es una estrategia de supervivencia en la sociedad que se extiende cada día más. Hay que intentar eliminar del discurso expresiones como «depende», «puede que sí», «según»…
  • También es importante dejar de lado las preguntas retóricas, porque en ellas no hay intención alguna por saber, sino que se ofrece una falsa afirmación.
  • Llegar de golpe al valor asociado a una palabra puede ser imposible, puede darse el caso de que la propia palabra se convierta en un muro o un escollo. Por eso a veces es necesario  o interesante acercarse a ella dando un rodeo, planteando preguntas sencillas, siempre lo más cercanas posibles a la respuesta anterior. En esta línea puede ser también muy útil hacer uso de los antónimos de las palabras que nos darán una nueva perspectiva.
  • Aunque resulte muy complicado, hay que aprender a gestionar la tensión ocasionada por ser un individuo. Desde un punto de vista ideal, la dinámica está planteada para evitar el «yo», para ofrecer una visión colectiva, pero siempre habrá temas que nos toquen tanto que corremos el riesgo de entrar en el terreno de lo subjetivo.

Como véis, es un ejercicio que da pie a pensar mucho sobre la lengua, su uso, sus obstáculos… En cuanto a la palabra en sí que fue objeto de trabajo, algunas ideas interesantes que se lanzaron en relación a la renuncia:

  • Siempre pensamos que existe una compensación como mecanismo de defensa o justificación.
  • ¿Es un acto cobarde o valiente?
  • ¿Hay diferencias de género en el acto de la renuncia?
  • Se renuncia desde la libertad, pero también existe una presión a la renuncia desde la sociedad. La renuncia puede venir dada por las circunstancias.
  • La renuncia es una elección, no una pérdida.
  • Renunciar es dejar algo, soltar, no poner más energía en una cosa.
  • La renuncia da libertad para iniciar un camino diferente.
  • La renuncia es algo contundente, una barrera.
  • ¿Qué sentimientos asociados genera la renuncia?

 Segunda dinámica: excavación permanente

La segunda dinámica es, propiamente dicho, el objetivo del programa. Se prepara un círculo con seis asientos alrededor del hoyo (figuradamente hablando). Se sientan cinco personas y se deja el sexto asiento vacío. El resto de personas están sentadas en otro círculo concéntrico al anterior. Se plantea una palabra y se establece, siguiendo las reglas que se han explicado en el apartado anterior y que se explican en el dossier que os he enlazado, una dinámica de reflexión colectiva, intentando encontrar el origen de la palabra propuesta.

Si alguien se siente con ganas de decir algo pertinente o ayudar a que las «paladas» vayan más allá, puede sentarse en el espacio vacío, momento en el cual una persona del círculo debe abandonarlo.

Esta dinámica me ha parecido muy complicada y mucho más tensa que la anterior. Si en el primer caso se trataba de tirar del hilo de una persona, ahora hay cinco implicados, cinco mentes trabajando al unísono, y a veces surgen pensamientos, líneas que no se ven con claridad, que una persona correlaciona con lo anterior pero los demás no… Requiere mucha atención por parte tanto de quienes están en el círculo anterior como en el exterior.

Os dejo un vídeo de una dinámica de ejemplo, en este caso alrededor de la palabra Veracidad:

Algunas de las cosas que se pueden apreciar y que yo misma he experimentado son:

  • Se sufre la tensión entre el colectivo y el individuo. En muchos momentos sientes la necesidad de entrar en el círculo y exponer tu opinión, llevar la palabra al terreno que te interesa. Sin embargo, eso va en contra de las normas. El objetivo es seguir el razonamiento anterior, hilar una frase con la siguiente, por lo que, si no te ves capaz, es mejor que salgas del círculo o no entres, para facilitar la rutina del resto del colectivo. Tienes que ser capaz de «tragarte» tus ideas por el bien común.
  • Hay momentos en que el ritmo se acelera y, por lo que hemos visto, eso sólo contribuye a crear un círculo vicioso alrededor de una expresión, sin que la excavación continue ni llegue más hondo. La importancia de los silencios, de las pausas para reflexionar es muy importante. No hay que olvidar que no se llega a un fin que esté bien o mal, tan sólo a la interpretación de un colectivo.
  • La cosa ha ido muy despacio al principio, por la ansiedad que provoca el exponer las ideas ante tanta gente. Para que las paladas sean efectivas, hace falta rotundidad, aunque nos equivoquemos. Como he comentado antes, tendemos a caer en frases ambiguas, en el tal vez, quizás, puede que, depende… Es importante recordar que nos estamos dirigiendo hacia un destino que no conocemos. Poco a poco
  • Algo que ha sucedido, y que por lo que nos han comentado es común, es que con las palabras más vivas se tienen muchos más problemas para lograr llegar a un consenso. En nuestro caso, hemos trabajado con Semejanza, mansedumbre y Sacrificio. Esta última nos ha obligado a parar en un par de ocasiones y a reiniciar la rutina con un equipo nuevo de excavadores. También es curioso que en las tres palabras se ha pasado por la religión como eje en algún momento.

Excavación permanente me ha parecido una excelente oportunidad para  reflexionar sobre el significado que damos a las palabras más allá de la semántica, sobre cómo las cargamos con connotaciones de género, religión, prejuicios… que son, precisamente, los que pertenecen al estrato cultural y cambian con rapidez. También ha sido una oportunidad para darse cuenta de que, si una palabra queda despojada de valor, de significado para la sociedad, está condenada a desaparecer de nuestro lenguaje.

Si la compañía recae por casualidad en vuestra ciudad, os aconsejo que os acerquéis y experimentéis con las palabras. Seguro que extraéis alguna conclusión interesante.