Con la primera semana de febrero toca hacer el tradicional balance mensual: ¿Qué tal os ha ido enero? Yo tengo la sensación de que ha avanzado demasiado rápido. Una doceava parte del año queda atrás y ya tengo sensación de agobio porque mis metas siguen estando muy lejanas.

Pero echando un vistazo a mis estadísticas, veo con alegría que los números vuelven a subir después del parón navideño. Relatos en construcción está de nuevo en valores de visitas similares o incluso superiores a las de comienzos de diciembre. También he puesto en marcha de nuevo, por fin, el boletín quincenal para aquellos que no queréis estar pendientes de la web y preferís que os avise periódicamente de las publicaciones para no perderos nada. Por cierto, a quienes os interese, podéis suscribiros aquí.

Con enero ha llegado también la reactivación de la agenda de las editoriales y con eso, alguna que otra alegría. El pasado día diecisiete pude pasar un breve rato con Imanol Ortiz y Beñat Olea, guionista e ilustrador, respectivamente, de la adaptación al cómic de Ajuar Funerario, libro de microrrelatos de Fernando Iwasaki publicado por Páginas de Espuma. De Beñat ya os había hablado en alguna ocasión, porque es el autor de la ilustración de portada de esta web, por lo que su libro me hacía especial ilusión desde que lo anunció. Y no me ha decepcionado.

Beñat Olea e Imanol Ortiz presentando Ajuar funerario, el cómic

Beñat Olea e Imanol Ortiz presentando Ajuar funerario, el cómic

Si este encuentro me hizo ilusión, aún más la entrevista con Iván Repila con motivo de la publicación de su última novela, El aliado. Quienes me conocen saben que soy seguidora de su narrativa desde hace muchos años (para muestra, dos reseñas de sus libros aquí y aquí) y, aunque este último he tenido que leerlo “a presión”, la oportunidad era tan tentadora que no podía dejarla pasar. No voy a adelantar más. Esta semana publicaré el resultado de la charla y la reseña.

Mis lecturas de enero

Ahora que he planteado una hoja de ruta gracias a mis objetivos de lectura para 2019, me resulta más sencillo ver cuándo me desvío, si la cumplo o no, o si tengo que replantearme algunas cosas.

En Enero he leído siete libros. No parece un mal balance, pero la realidad es que he sido muy, muy irregular: o me doy atracones de lectura de horas o me paso varios días sin tocar un libro —más bien me dedico a transportarlos de un lado a otro, por si “salta la ocasión de leer un ratito”—.

Del reto #52provincias#52 libros he completado un cuatro por ciento. Es decir: he leído dos libros, los correspondientes a Barcelona y Bizkaia. Mi deseo de leer dos novelas juveniles al mes sí se ha cumplido, con El país de las cien palabras y La increíble historia de… la abuela gánster. Y respecto a la lectura para aprender… estoy trabajando con un libro sobre autocontrol y afianzamiento de hábitos que me está gustando mucho y del que espero escribir un par de artículos en breve, pero no he conseguido acabarlo en enero.

El resto de lecturas la completan una novela gráfica, una novela excepcional y un relato de Edith Wharton, que siempre es un placer.

Publicaciones en Relatos en construcción

Las entradas publicadas durante el mes de enero han sido :

resumen enero 2019

El “bookhaul” de toda la vida.

He comprado libros. Muchísimos. Demasiados. Si el objetivo era no comprar y leer lo que tenía por casa, ha sido un mes fallido. Los enumero rápidamente:

  • De nuevo caigo en la editorial De Conatus y me hago con el Pack de Club de lectura que han editado recientemente y que incluye tres obras que ya habían editado de forma separada. Tres libros por el precio de uno (en realidad, no, pero ahorras un poco). Flaubert, Joyce y Mann reunidos con una propuesta de lectura crítica. Obras cortas, por suerte.
  • Mis vistas al Casco Viejo de mi ciudad siempre acaban igual: pasando por Libu y comprando libros de segunda mano. En este espacio —y es raro en mí— me dejo llevar por el instinto y cojo lo que llama mi atención, sin obsesionarme demasiado con mi lista de libros objeto de deseo. Así han llegado a mi vida cinco libros: Cuerpos del desecho, de Elisabetta Bucciarelli, y El sermón sobre la caída de Roma, de Jêrome Ferrari, los cogí por fe en las respectivas editoriales; Crítica literaria, de Francisco Abad, Técnicas de lectura rápida, de la Biblioteca Deusto y La interpretación de un libro, de Juan José Becerra, los cogí por seguir formándome en temas que me interesan. Con el último me equivoqué, por cierto: es una novela.
  • Estudios de lo salvaje, de Bárbara Baynton. Lo compré porque me dijeron que no podía dejar de leerlo. Espero que no se equivoque. En todo caso, es mi próximo libro de relatos en la mesilla.
  • En el apartado de novelas gráficas han caído dos: Yo, loco, de Altarriba y Keko que, la verdad, me ha decepcionado bastante en relación con la primera parte de la trilogía, Yo, asesino, y The Private Eye, una obra que tenía en mi lista desde que se publicó por etapas y gracias al micromecenazgo y que Gigamesh recuperó en versión integral en 2018. Aún no lo he leído.
  • Otro libro de relatos: La ciudad Latente, de Shaun Tan, editado por Barbara Fiore. Tengo debilidad por la editorial y, por suerte, puedo leer muchos de sus álbumes ilustrados en la librería. Pero intuyo que esta conexión entre civilización y naturaleza se merecía su espacio en mi librería.
  • El pelícano, de Edith Wharton. ¿Cómo podía resistirme a un relato de mi autora favorita en una edición tan cuidada? No podía.
  • El aliado, de Iván Repila. Estad atentos al blog. En breve, reseña.

Con esto cierro el balance del mes. ¿Hemos coincidido en alguna lectura? ¿Has leído alguno de los libros que tengo pendientes y te apetece comentarme tus impresiones? ¿Llevas a cabo algún tipo de balance?