El romanticismo librero

Una pregunta que me viene siempre a la mente cuando cierra una librería y las redes sociales se llenan de llantos y lamentos, muchos de plañideras que no pisan una ni por casualidad, y se invoca lo más sagrado —la Cultura, con mayúscula— es: ¿Por qué con una librería sí y con otros negocios no? ¿Qué tienen las librerías que hacen de ellas un lugar tan especial? Al fin y al cabo, son negocios. Negocios que necesitan de ventas para subsistir.

Las industrias que se mueven entre dos aguas, como es el caso, entre enarbolarse símbolo de la cultura pero mantener su estatus económico, consiguen en muchas ocasiones que la balanza venza del primer lado y preservan intacto el romanticismo que les rodea. Como bien se dicen en el prólogo de En defensa de las librerías:

Cultivar una relación con una determinada librería y un cierto librero, coleccionar visitas a librerías, recordar el lugar donde se compró un título puntual conforman eso que tiene de insustituible la librería para los que somos visitantes habituales.

En defensa de las librerías

En defensa de las librerías es un documento elaborado por Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) que se publicó el día del libro del presente año. drogues Escrito por Joaquín Rodríguez (Los futuros del libro), consultor y docente, el documento lleva por subtítulo «Recomendaciones en materia de políticas públicas, gremiales e individuales para el fortalecimiento de las librerías en Iberoamérica”.

El documento es interesante por muchas razones: porque hace un exhaustivo recorrido por la situación de las librerías iberoamericanas y españolas, porque plantea una serie de cuestiones a los agentes implicados en la cadena del libro y porque parte de que la situación actual es la que es y no va a desaparecer por arte de magia.

Negar la copia ilegal de libros, la intrusión de las grandes plataformas digitales, la reducción del número de lectores o la sustitución del libro como actividad de ocio frente a canales de televisión o plataformas de VOD no tiene ningún sentido y es, a la larga, perjudicial para el sector, que se anquilosará en sus viejas tradiciones y llegará tarde a un proceso de modernización que tenía que haber empezado hace tiempo:

[…] no tendría mucho sentido intentar preservar estructuras caducas en contextos de cambio global y acelerado. Se trata, más bien, de sugerir y crear las condiciones —o de perseverar en su aplicación— para que las librerías puedan seguir desempeñando un papel clave, al igual que las bibliotecas, en la articulación civil de nuestras sociedades, en la promoción del acceso a la rica variedad de los contenidos culturales locales e internacionales, y en la difusión de los valores asociados a la lectura —y, simultáneamente, en la defensa y la promoción del comercio local y de cercanía que ayuda a vertebrar la vida comunitaria—.

Una batería de medidas para salvarlas a todas

En el capítulo final de En defensa de las librerías se reúne una amplia colección de medidas que podrían ser puestas en marcha, divididas en dos grandes bloques: Políticas públicas (en general, leyes o beneficios fiscales que de una u otra forma favorezcan la apertura o mantenimiento de las librerías) y Políticas privadas, ya sean estas ejercidas desde las librerías como entidad individual o desde agrupaciones gremiales o asociaciones.

En cada uno de esos dos bloques las medidas pueden ser:

  •  Administrativas y/o legales (como la creación de un sello de Excelencia, gestión del fondo librero, fomentar el empleo de calidad)
  • Comerciales (puesta en marcha de plataformas de comercialización digital, reducción de aranceles de importación, acuerdos intergremiales de buenas prácticas…)
  • Distribución, transporte y logística (estandarización de datos entre agentes, políticas arancelarias y aduaneras, proyectos transversales…)
  • Financieras y fiscales (ayudas y exenciones, armonización de precios, precio fijo de los libros…)
  • Orientadas a la relación con la comunidad (bibliotecas públicas, escolares, AMPAs, asociaciones vecinales, residencias de mayores, presencia en medios y ferias…)
  • Digitales (integración de servicios de valor añadido, aplicaciones para móviles, promoción de contenidos y lectura digital…)
  • Formación (programas específicos para la formación de libreros)
  • Orientadas a la relación con los gremios

En todo caso, no hay que olvidar que:

A menos que la sociedad esté íntimamente persuadida del valor de los libros y de la lectura, y esté dispuesta a invertir el tiempo y el dinero que su disfrute exige, difícilmente la adopción de medidas podrá amparar de manera efectiva la supervivencia de los libros y la lectura.

Hoy os voy a recomendar que leáis el documento y reflexionéis sobre él. Así buscaréis vuestro lugar en ese encaje de bolillos que supone la supervivencia de una librería. Podéis descargar el documento completo pinchando en la siguiente imagen: en defensa de las librerías, CERLALC, portada

Fotografía de portada: Angry Young Man (Flickr con licencia atribución)