El pasado jueves 12 de junio dentro del ciclo de Encuentros literarios con escritores organizados por la Biblioteca Foral de Bizkaia, asistí a la charla que dio Mikel Alvira, acompañado por Alex Oviedo. Se contó además con la participación de los actores Carmen Pardo y Juan Viadas que dramatizaron algunos de los textos del autor.

Mikel Alvira (Pamplona, 1969) es un prolífico escritor de gran inquietud creativa y continua reflexión, tanto en prosa como en poesía. Se inició en las letras muy joven, ganando varios concursos como el autonómico de Coca-Cola, Café Teatro, ONCE y Espasa Calpe. Se licenció en Historia por la Universidad de Deusto, donde ejerció en el Instituto de Estudios de Ocio, y trabajó como profesor de historia y geografía en el Colegio Salesianos de Barakaldo. Ha colaborado con medios como Ágora, El Semanal de Deia o El Correo, además de suplementos semanales y programas de radio. Alvira ha ganado premios como el Certamen Poético Internacional Villa de Segorbe o el Premio de Relato no sexista de Santurtzi. De entre su obra cabría destacar títulos como las novelas Fraile a la carta (2004), Mediasuela, el retorno del pirata (2004) y El noveno libro (2006). Su vertiente poética queda reflejada en el poemario Eterna mujer eterna (2006), ¿A dónde te llevan los tranvías? (2009) y Cuatro coma cuatro (2011).  El silencio de las hayas (2009) y Cuarenta días de mayo (2010) suponen un firme espaldarazo a su carrera, que continúa con la publicación de Llegará la lluvia (2011) y El mar que te debía (2012) . En la tierra de los nombres propios (2013) es su último título publicado.

La tarde comenzó con la lectura de un párrafo de “Llegará la lluvia”que dio pie para que Mikel Alvira hablara de su relación con la escritura y los miedos que ha suscitado en él: por una parte, el miedo a no gustar, a que el lector no lo entienda, a que espere otra cosa de sus textos… Es un temor que no llega a desaparecer en ningún momento, ya que el escritor está siempre muy expuesto a la crítica, pero a medida que pasa el tiempo, se ha decantado por escribir más ajeno al qué dirán. En segundo lugar está el miedo a la hoja en blanco, que superó gracias a un texto de Murakami, en el que éste decía que jamás escribía tanto como no saber sobre qué iba a escribir al día siguiente. Por último, el miedo a las preguntas incómodas, que aún está presente.

A continuación se leyó un fragmento de “El silencio de las hayas”. Fue la primera novela publicada por Elkar y funcionó tan bien que supuso un antes y un después. Si bien la considera una novela correcta, buena y que gusta, siente cierto resquemor hacia ella porque desde entonces ha publicado otras novelas que han tenido tal vez menos repercusión. Es además una novela dura y veraz, en la que se hace una concesión al lector ofreciéndole un final que le trae el perdón de su difícil lectura. En otras obras no se llega a este entendimiento final con el lector, no cumple sus expectativas (“Cuarenta días de mayo”, “El mar que te debía”…) y es tal vez por eso por lo que se genera una relación de amor-odio con su obra.

Una de las cuestiones que le suelen plantear hace referencia a los títulos de sus novelas. ¿Qué va primero, el título o el libro? No tiene una respuesta clara. En unos casos, como en “Cuarenta días de mayo” o en “Llegará la lluvia”, el título fue lo primero, pero no lo considera especialmente relevante. Sí da sin embargo importancia a los textos que acompañan a cada capítulo. Busca compartir con el lector “algo” que le dé pistas acerca de la obra (fragmentos de “Memorias de Julia”, versos, descripciones de flores…). Son estos juegos para él tanto o más importante que la propia historia, porque si hay algo realmente relevante es el cómo se cuenta, más incluso que el qué se cuenta. Las historias están ya todas contadas. Es por eso que le fascina detenerse en la historia, pensar en la secuencia de los capítulos (largos o cortos), en el tiempo verbal (presente o pasado)… el proceso es tan relevante como el acto de teclear. Mikel Alvira confiesa que escribe a diario, no sabe no escribir, aunque hay cosas que no serán publicadas. Para él, escribir es pensar en la historia, en los personajes, en la estructura, en las relaciones… hay que dedicarle tiempo, embarcarse en una novela es “casarse” con ella, porque al tiempo que tarda en escribirla habrá que sumarle otro tanto dedicado a la promoción, presentaciones, foros…

Después de escuchar un fragmento de “El mar que te debía”, le preguntan a Mikel si la escritura es una actividad solitaria. Durante mucho tiempo lo creyó así, pero con el tiempo ha descubierto que no, que necesita de sus lectores, de gente que le ofrezca nuevas perspectivas y opiniones sobre sus textos. Hay una lectora, Blanca, a quien ofrece leer incluso textos inconclusos. Cuenta con su editora, con un equipo de trabajo que le apoya, le ayuda y del cual él es la cabeza visible.

Preguntado sobre la presencia de los personajes femeninos en sus novelas, Mikel Alvira confiesa que se siente cómodo dejándoles el peso de la acción a las mujeres. Ser un hombre no es incompatible con tener rasgos femeninos. Tan sólo en una novela, “Llegará la lluvia”, cede el protagonismo a dos hombres, pero no oculta su querencia a que sean las mujeres las que dirijan la historia.

¿Cuánto hay de Mikel Alvira en sus novelas? Todo o nada. Sus historias son 100% ficción, pero admite que tejer una novela supone dejar jirones de uno mismo en la en ella. Es necesario escribir “con las tripas”, aunque el oficio de escritor, las herramientas, estén en la mente. Sus personajes no son reales, pero sí intenta que sean lo más veraces posible, y para ello es necesario observar a la gente a su alrededor e inspirarse en ellos como haría un pintor con su modelo.

¿Le molesta la etiqueta de “autor de género”, en su caso histórico? No, porque a fin de cuentas es historiador, y le resulta cómodo buscar un contexto para sus novelas, pero lo que realmente le motiva son los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos, por lo que la ambientación ha ido perdiendo relevancia para él.

¿Hay algún tema que le inspire y motive? Sobre todo las relaciones humanas y su evolución en sus novelas. Hay personajes que él consideraba importantes y que han desaparecido a medida que escribía, y otros que han llegado para quedarse. Es algo que no puede prever en un principio y que le resulta fascinante, la relación que se establece entre personas que se conocen y que se mantiene a lo largo de los años.

¿En qué está trabajando? Ahora mismo trabaja en encontrar nuevos formatos para la expresión que no sean el libro, o bien, nuevos caminos para difundir éste. En su opinión, lo que sustenta la escritura es la respuesta que recibe del lector y por eso considera fundamental llegar a él por todas las vías posibles, no siendo el libro la única, y hacíendose necesario recurrir a otros caminos, como los talleres de lectura, la poesía visual, las obras de teatro…

¿Qué sucede con las historias que no terminan de funcionar? Hay veces que se encuentra con que no es el momento adecuado para abordarlas, o que no ha dado con la clave exacta, con la estructura adecuada para conseguir que funcionen. Aún así, no suele abandonar las novelas, las continúa como ejercicio de humildad y aprendizaje y porque siente la necesidad de hacerlo.

¿Por qué hace sufrir tanto a sus personajes? Él no cree que sufran ni que les maltrate, sus vivencias son el reflejo de lo que sufrimos las personas. La vida es así: una sucesión de buenos y malos momentos, de infortunios y oportunidades. No se trata de ser optimista ni pesimista, sino de ser veraz.

¿Qué novela le hubiera gustado escribir? Durante mucho tiempo pensó que “Los tres mosqueteros”, pero ya no, ahora no tiene una novela fetiche. Sí que admira algunas obras como “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano, o “Sin noticias de Gurb”, de Eduardo Mendoza.