Ayer se celebró, un año más y como cada día dos de abril, el Día internacional del libro infantil 2018 coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen.

Como ya os comentaba en la entrada del año pasado, cada año una sección nacional del IBBY (Organización internacional para el libro infantil) tiene la oportunidad de patrocinar el Día del Libro Infantil y selecciona un escritor representativo y a un reconocido ilustrador de su país para que elaboren el mensaje dirigido a todos los niños del mundo y el cartel que se distribuye por todo el mundo, y se promueva la celebración en las bibliotecas, centros escolares, librerías, etc.

Día internacional del libro infantil 2018

En 2018 el país afortunado ha sido Letonia, el mensaje ha sido escrito por la autora Inese Zandere (1958) y el cartel es obra del ilustrador Reinis Petersons (1982). Os dejo a continuación con ambos:

dia internacional del libro infantil, 2018, cartel,

Los libros hacen grande lo más pequeño

Las personas tienden al ritmo y a la regularidad, de la misma forma que la energía magnética organiza las virutas de metal en un experimento de física, de la misma forma que un copo de nieve crea cristales a partir de agua. Ya sea en un cuento de hadas o en un poema, a los niños les gusta la repetición, los refranes y los motivos universales porque pueden reconocerse una y otra vez; dan regularidad a un texto. El mundo adquiere un orden precioso. Aún recuerdo que de niña luchaba conmigo misma por defender la justicia y la simetría, la igualdad de derechos para la izquierda y la derecha: si tamborileaba con los dedos una melodía sobre la mesa, contaba cuántas veces debía golpear con cada dedo para que los demás no se sintieran ofendidos. Solía aplaudir dando una palmada con la mano derecha sobre la izquierda, pero pensé que eso no era justo y aprendí a hacerlo al contrario, con la izquierda sobre la derecha. Por supuesto, este afán instintivo de equilibrio resulta gracioso, pero lo que muestra es la necesidad de evitar que el mundo llegara a ser asimétrico. Tenía la sensación de ser la única responsable de todo su equilibrio.

La inclinación de los niños hacia los poemas y las historias surge, igualmente, de su necesidad de llevar regularidad al caos del mundo. Desde la indeterminación todo tiende hacia un orden. Las canciones infantiles, las canciones populares, los juegos, los cuentos de hadas, la poesía… son formas de existencia rítmicamente organizadas que ayudan a los más pequeños a estructurar su presencia en el gran caos. Crean la conciencia instintiva de que el orden en el mundo es posible y que todas las personas tienen en él un sitio único. Todo fluye hacia este objetivo: la organización rítmica del texto, las series de letras y el diseño de la página, la impresión del libro como un todo bien estructurado. La grandeza se revela en lo más pequeño y le damos forma en los libros infantiles, incluso cuando no estamos pensando en Dios o en los fractales. Un libro infantil es una fuerza milagrosa que promueve el enorme deseo de los pequeños y su capacidad de ser. Promueve su coraje para vivir.

En un libro, los pequeños siempre son grandes, de manera instantánea y no solo cuando llegan a adultos. Un libro es un misterio en el que se encuentra algo que no se buscaba o que no estaba al alcance de alguien. Lo que no pueden comprender lectores de una cierta edad permanece en su conciencia como una impronta y continúa actuando aun cuando no lo entiendan completamente. Un libro ilustrado puede funcionar como un cofre del tesoro de sabiduría y cultura incluso para los adultos, igual que los niños pueden leer un libro destinado a adultos y encontrar su propia historia, un indicio sobre sus vidas incipientes. El contexto cultural modela a las personas, estableciendo las bases para las impresiones que llegarán en el futuro, así como para las experiencias más difíciles a las que tendrán que sobrevivir sin dejar de ser íntegros.

Un libro infantil representa el respeto por la grandeza de lo más pequeño. Representa un mundo que se crea de nuevo una y otra vez, una seriedad lúdica y preciosa, sin la que todo, incluida la literatura infantil, es simplemente un trabajo muy pesado y vacío.

 

Dos cosas que he aprendido como librera infantil

Como algunos ya sabéis, desde hace unos meses estoy trabajando como librera de refuerzo —categoría inferior pero muy agradecida— en una librería infantil y juvenil de mi ciudad. Es una experiencia muy diferente de otras porque, además de tener que ponerme al día constantemente en novedades y reposiciones, en una librería orientada al público más joven la labor de recomendación es mucho mayor y, por tanto, el ritmo es más sosegado, hay más tiempo para hablar con los clientes, para descubrir y para aprender.

Y hablando de aprender, hay dos lecciones que me han quedado muy claras y que creo que todos deberíamos tener en cuenta cuando estamos hablando de niños y libros:

  1. Los niños saben lo que quieren. De hecho, también tienen muy claro cuándo no quieren un libro. Es un poco desesperante ver a padres obsesionados con comprarles un cuento de piratas cuando el pequeño está en la fase de leer libros de dinosaurios. ¿Qué hay de malo en lo segundo? Demasiadas veces veo padres que se interponen, sin mala intención, en la ruta lectora de sus hijos, que opinan que tal o cual libro no porque les va a dar miedo —cuando quienes tienen esa percepción de miedo son ellos, y no sus hijos, que disfrutan como locos de historias de vampiros, de monstruos bajo la cama o de fantasmas—. Si tantas veces criticamos que en las escuelas es donde la lectura pasa de ser un placer a convertirse en una obligación pesada —el catálogo de libros escogido no suele ayudar lo más mínimo a evitarlo—, no deberíamos hacer lo mismo en el hogar. Bastantes lecturas obligatorias tendremos ya a lo largo de nuestras vidas.
  2. Los padres sobreestiman o subestiman con frecuencia el nivel lector de sus hijos. Diría que es así porque no se sientan a leer con ellos. Padres de hijos adolescentes que, como deciden que su hijo no lee bien, le compran una novela dirigida a niños de siete u ocho años. ¿Qué estimulación puede suponer eso? Sí, seguro que el joven tiene la capacidad de juntar esas letras y formar palabras con ellas, pero la historia le resultará aburrida, estúpida y sin ningún aliciente. Por supuesto, también está el lado contrario: los padres que piensan que sus hijos son genios y que les compran lecturas muy avanzadas para su edad, con lo que las probabilidades de frustración y odio hacia la lectura son muy altas. Es cierto que las edades recomendadas en estos libros (casi todos suelen tenerlas) son eso, recomendadas, y que hay niños que leen más y tienen más facilidad y otros menos; pero salvo que haya un problema real de desarrollo cognitivo, diagnosticado, darle un libro para un niño de tres años a uno de siete es hundir una vocación lectora.

Aunque, por otra parte, hay libros preciosos para niños pequeños que todos deberíamos tener en casa. Tengamos hijos o no.

En realidad, ambos aprendizajes se resumen en uno solo: leed con vuestros hijos. Al menos, estad cerca mientras ellos leen. Ved qué les gusta y qué no, cuáles son sus temáticas y sus libros favoritos, dejadles abandonar libros si no les gustan lo más mínimo y leer doscientas veces el mismo si les entusiasma. Cread y alentad vocaciones lectoras, porque ya tendrán muchas piedras en el camino como para que se les pongan más en el hogar.

Cinco (+1) recomendaciones para el día del libro infantil

Para terminar, no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendar cinco libros infantiles. Si, además de estos, queréis ver otras opciones, todos los sábados en mi cuenta de Instagram publico un álbum ilustrado o libro infantil.

  • Bonitas es un libro escrito por Stacy McAnulty e ilustrado por Joanne Lew-Vriethoff que en España ha editado la Editorial Astronave, parte de Norma Editorial. Pensado para niños a partir de 3 años. La verdad es que siento absoluta debilidad por los libros infantiles en los que el texto y la imagen no van a la par, los que exigen un pequeño sobreesfuerzo por parte de niños más bien avispados. Bonitas es un libro que anima a las niñas a hacer lo que de verdad quieren, sin preocuparse por cumplir lo que se espera de ellas por ser eso, niñas.

  • Cancionero infantil es, precisamente, un repaso a esas canciones que cantábamos cuando éramos muy pequeños. Pensé que no reconocería ninguna canción y, sin embargo, según pasaba las hojas de esta selección de Marta Vidal ilustrada por Noemí Villamuza, no dejaban de venir a mi mente las melodías. Pero si no os acordáis de alguna no os preocupéis: el libro incluye un cd. Para niños a partir de dos años, está editado por La Galera,

cancionero, la galera, portada

  • Búho o Lechuza es un libro didáctico escrito por Emma Strack y que cuenta con unas ilustraciones maravillosas de Guillaume Plantevin. A lo largo de sus páginas, los pequeños descubrirán cuál es la diferencia entre un camello y un dromedario, entre una estalactita y una estalagmita, entre un tornado y un ciclón… así hasta cuarenta parejas que, a veces, hasta los adultos tenemos problemas para distinguir.

  • Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Se cumplen cien años de la primera edición de este libro del escritor uruguayo y la editorial Nórdica lo recupera en esta edición ilustrada por Antonio Santos. Para niños a partir de siete años, con estos relatos podrán adentrarse en una selva llena de animales y algún que otro humano despistado que viven aventuras y acción, pero que también nos hacen reír.

cuentos de la selva, horacio quiroga

  • Por último, dos libros que tienen mucho en común, ya que ambos están orientados a ayudar a los niños (y por qué no, también a los adultos) a superar sus inseguridades artísticas. Por un lado Dibújame un principito, del belga Michel Van Zeberen, editado por Océano Travesía: la historia de un corderito que quiere dibujar como sus compañeros de clase, pero que no lo hace porque cree que sus dibujos no son buenos y no tiene talento. Así que busca ayuda en su madre (que tampoco dibuja muy bien, pero es muy lista). Por otro, uno de mis libros ilustrados favoritos: El punto, de Peter H. Reynolds, editado por RBA. Vashti está enfadada, porque no sabe dibujar nada, pero sí que sabe hacer puntos y añadir su nombre…

 

¿Celebráis de alguna forma el Día internacional del libro infantil? ¿Qué hacéis? ¿Qué otros libros me recomendaríais, que os gustaran a vosotros o que entusiasmen a vuestros hijos?