Desde que terminé en junio la última sesión del club de lectura, he estado dándole vueltas a la posibilidad de escribir algo sobre mi experiencia. Además, acabo de terminar la lectura del libro Manual del club de lectura, un ejemplar muy poco inspirado y editado con dejadez, por decirlo de un modo suave. En todo caso, la combinación de ambas fuentes creo que dan para aclarar algunas impresiones personales sobre los clubs de lectura y su función.

Aquí van mis cinco conclusiones después de participar en un club de lectura.

1. Cada club de lectura es una experiencia diferente

No lo digo por decir: no hay dos clubes iguales. Da igual que los imparta el mismo coordinador —profesor es una palabra que no se ajusta bien a su función real. En todo caso, dinamizador sería más ajustada— o que se celebren en el mismo espacio. Las lecturas escogidas y, sobre todo, las características de los asistentes, su experiencia lectora y su carácter son lo que van a determinar el éxito o el fracaso de la experiencia.

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AIGA WI Sustainable Design Book Club 1. Los clubes de lectura también pueden tener lugar en cafeterías. Flickr Creative Commons.

2. Las lecturas propuestas deben ser escogidas por un único coordinador

En el manual del que os hablaba, se planteaba la posibilidad de que las lecturas fueran escogidas por todo el grupo, ya sea a partir de una lista o proponiendo un libro cada asistente. Yo creo que no es la mejor forma de funcionar, ya que se pueden dar roces innecesarios y enturbiar la relación que se establece entre los asistentes. Imaginemos por caso que yo propongo un libro que me entusiasma, y el resto del grupo lo critican hasta la saciedad: es posible que me dé lo mismo y me siga gustando, o es posible que guarde cierto resquemor y me predisponga a que tampoco me gusten sus libros.

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Por eso creo que la mejor opción es que las lecturas propuestas sean, hasta cierto punto, imparciales y escogidas por alguien ajeno a los inscritos en el club de lectura. Es ahí donde cobra relevancia la figura del coordinador, como persona que propone las lecturas de acuerdo a una serie de criterios que pueden variar en función de las circunstancias. Por supuesto, su otra función es clara: facilitar el desarrollo de la sesión, permitir que todo el mundo exprese su opinión, cortar de raíz cualquier salida de tono y ayudar a que todo el mundo extraiga el máximo provecho de la lectura.

En este sentido, y es una opinión personal: creo que es fundamental que el coordinador se identifique con las obras escogidas y que no le vengan impuestas. Dentro de las limitaciones que pueda tener (de extensión, género o temática, por ejemplo), mi impresión es que, si no le gusta la obra, el ritmo de la sesión del club decae. Puede no gustarle a los asistentes (lo cual también es una decepción para el coordinador, claro), pero quien guíe la sesión tiene que gustarle la obra. No necesariamente tiene que entusiasmarle como obra literaria: también puede ser que le resulte interesante puesta en cierto contexto, o porque tenga algunas características de fondo o forma muy concretas.

3. Es importante investigar las características del club de lectura antes de inscribirse

En mi caso, se trataba de un club para adultos, orientado a un público general, lo que quiere decir que entre los asistentes había gente que tenía un firme hábito lector y otras personas que se acercaban a la lectura con curiosidad, pero sin que formara parte de su rutina antes de tomar parte en la actividad.

Eso limita también las opciones a la hora de escoger los libros. En general, para un público no habituado a la lectura, se sugiere un ritmo medio de ciento veinticinco páginas a la semana, lo que limita el tamaño del libro a leer en función de la periodicidad de las sesiones: si el grupo se reúne cada quince días, un libro de unas doscientas a doscientas cincuenta páginas sería lo más habitual.

Además, un grupo heterogéneo implica que el ritmo y el tipo de lecturas tendrán que ajustarse, de media, a los asistentes menos duchos en la literatura, lo que puede lastrar el ritmo para lectores fluidos. No creo que crear un grupo “elitista” sea la mejor opción, pero la heterogeneidad puede ser un poco complicada para lograr cierto dinamismo y ritmo en las sesiones. Hablo siempre del nivel lector, no de otras cuestiones como el género, la edad o la raza, donde sí creo que la diversidad es fundamental para enriquecer las sesiones.

Del mismo modo, puede tratarse de un club especializado en un género concreto (narrativa, poesía, teatro…) o en una temática concreta (abundan ahora mismo los clubes especializados en obras de corte feminista o al menos escritas por mujeres, como también los clubes de lectura donde se trabajan obras de ciencia ficción, por poner dos ejemplos).

clubes de lectura

una librería me parece un entorno idílico para un club de lectura

4. Los clubes de lectura no fomentan la lectura.

Esta afirmación es un poco más polémica pero también se basa en lo que he observado: quien ya leía,  sigue leyendo. Quien leía poco o nada y se ha acercado al club como herramienta para leer más, no creo que lo haya conseguido. Leer es, ante todo, un hábito que necesita de un tiempo, una dedicación y, sobre todo, unas razones que motiven a la lectura para construirse. Un club de lectura no crea ese hábito, y la prueba es que el número de asistentes va decayendo a medida que avanzan las sesiones.

Sí creo que los clubes de lectura son una herramienta útil para que un lector ya formado salga de su zona de confort y se acerque a temáticas o autores que le son ajenas y que puede experimentar con el apoyo de un grupo de personas y del coordinador: le ayudarán a apreciar aspectos que no había tenido en cuenta o a descubrir nuevas áreas de interés. Pero me plantea serias dudas que un no-lector se inicie por esta vía. Al fin y al cabo, la lectura es una actividad solitaria, en el fondo.

5. Clubes de lectura online, ¿sí o no?

Una de las modalidades de clubes que se plantean en el Manual del club de lectura son los virtuales: se proponen lecturas y la gente va subiendo sus comentarios a una plataforma. Aunque no he participado en ninguno de estas características y me provoca cierta curiosidad, creo que la falta de inmediatez en las respuestas puede entorpecer el desarrollo de las opiniones de los miembros. Al fin y al cabo, muchos somos los que comentamos lecturas en las redes sociales, pero de forma asíncrona y sin la profundidad que ofrece una conversación cara a cara.

Otra cuestión sería si se pudiera plantear un club a través de sesiones vía Skype, Google Hangouts o cualquier otra plataforma que permita una conferencia en directo (en ese caso, la calidad de la conversación dependerá de la conexión a la red). Tal vez esa vía sea más interesante. No conozco ningún club que funcione de esa manera, pero me encantaría que me recomendaran alguno, si tenéis experiencia por esa vía.

clubes de lectura, afición

En el fondo, la lectura sigue siendo un hábito solitario. Es hablar de ella, a posteriori, lo que la sociabiliza.

En resumen, un club de lectura puede ser una buena vía de potenciar —que no de crear— un hábito lector, pero sobre todo es una forma de socializar con gente que tiene unos intereses similares y de ampliar el rango de lecturas habituales.

En mi caso, puedo decir que la experiencia ha sido muy positiva, he aprendido muchísimo de las opiniones de los demás —lo que no quiere decir que haya cambiado la propia: a veces sí, pero otras simplemente he aprendido a respetar visiones que difieren de la mía—, he anotado decenas de títulos que me han parecido interesantes y he aprendido a valorar las obras teniendo en cuenta aspectos mas allá de lo literario, sobre todo relacionados con el ámbito social, demográfico o económico en que se desenvolvía el escritor de turno.

¿Habéis tenido alguna experiencia con clubes de lectura? ¿Cómo os fue? ¿Os gustó o no? ¿Por qué? Me encantará conocer vuestras opiniones. 

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