El pasado mes de julio escribí una entrada en el blog sobre mi experiencia con un club de lectura y algunas conclusiones que había extraído de él. Recibí bastantes opiniones al respecto de gente que estaba de acuerdo con algunas de mis conclusiones, con todas o bien con ninguna de ellas. Como siempre, es un placer escuchar voces discordantes —para darme la razón ya está ahí mi subconsciente y eso no es muy enriquecedor—.

Para escribir ese artículo, como suelo hacer siempre, rebusqué un poco por las redes y me topé con un concepto muy interesante que apunté para poder tener la ocasión de hablar de ello más adelante: los clubes de lectura lentos. 

Vivimos en un mundo hiperconectado y lleno de estímulos.

Pero para entrar en materia, tal vez no esté de más introducir antes otro concepto: el de la hiperestimulación. Cuando leo alguna novela de principios del siglo pasado o anterior —pongamos como ejemplo conocido Cumbres Borrascosas— una de las reflexiones que siempre viene a mi cabeza es: ¿cómo no se volvían locos? ¡Pero si no hacían nada en todo el día! Siempre vemos a los protagonistas disfrutando de las vistas desde su ventana —en un tiempo donde la burbuja de la construcción brillaba por su ausencia, eso significa que el paisaje era siempre el mismo, salpicado de vez en cuando por algún visitante que se acercaba por el camino que llevaba a la finca—, leyendo algo o, simplemente, sentados al calor de la leña sumidos en sus pensamientos. ¿Era eso suficiente? 

Sin embargo, ahora mismo la situación es justo la contraria. Vivimos inmersos en un momento de explosión digital en el que nuestra atención es reclamada por millones de estímulos de forma simultánea. ¿A qué nos lleva eso? Cada vez es más complicado centrarse en una única tarea durante más de unos minutos, mucho menos durante un par de horas. Necesitamos saber qué pasa en las redes sociales, comprobar que hemos apagado el gas, mirarnos en un espejo para comprobar que el maquillaje o el peinado siguen correctos, abrir el coreo electrónico o revisar el móvil por si no hemos escuchado algún aviso… Todo esto para estar tranquilos, para cree que todo va bien. 

Esta actitud nos lleva a una merma en nuestra capacidad de concentración, entendiendo esta como la capacidad que tenemos de enfocarnos en una tarea. Cuando la concentración es alta, todo son comodidades: las tareas son más fáciles de completarnos llevan menos tiempocometemos menos errores y nuestra capacidad de bloquear distracciones es mayor. Cuando esta incapacidad de concentrarse es muy alta, se habla de transtornos de déficit de atención. 

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Estamos constantemente bombardeados por estímulos. Fuente: más y mejor

La falta de concentración afecta a la capacidad de lectura

Pero incluso a niveles menos patológicos, uno de los efectos más conocidos de la falta de atención y de la hiperestimulación es la dificultad en la lectura, en seguir el hilo de lo que se lee, extraer conclusiones o incluso memorizar algunos aspectos relevantes. 

Las causas de estos déficits de concentración son múltiples y están bien estudiadas —falta de sueño, estrés, consumo de sustancias adictivas o de ciertos medicamentos, un ambiente estimulador en exceso, cambios hormonales…— y también son muchas las medidas que se proponen para solucionar el problema. 

De todas ellas, yo me quiero quedar con dos, que van muy relacionadas con la lectura: eliminar los elementos distractorios y evitar al máximo la multitarea. 

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¿Eres capaz de leer sin perder la concentración?

Cuando pienso en la lectura, hay algunas iniciativas que podemos poner en marcha: dejar cualquier dispositivo electrónico fuera de la habitación, evitar ruido —hay quien prefiere ponerse los auriculares y escuchar música de fondo y otros evitan todo estímulo y usan tapones para los oídos—, avisar a las personas que nos rodean de que vamos a disponer de un tiempo sin distracciones… De algunas de estas cuestiones hablé en este artículo.

Pero hoy quiero hablar de una opción diferente: Los clubes de lectura lenta. 

Los clubes de lectura lenta: bloquea tiempo para leer

logotipo del Slow Reading Club de Nueva Zelanda

logotipo del Slow Reading Club de Nueva Zelanda

¿Y si dispusieras de un espacio físico sin distracciones en el que disfrutar durante un rato a la semana de tu libro favorito, rodeado de gente que busca lo mismo que tú y que, por tanto, no te va a interrumpir?

La idea de los clubes de lectura lentos (o Slow Reading club) se creó en Nueva Zelanda en 2014 y su objetivo no puede ser más sencillo: facilitar un entorno a gente ocupada para que dispongan de una hora a la semana de lectura en silencio. Se suele celebrar en entornos privados o en bares o cafés. 

A diferencia de los clubes de lectura tradicionales, en los que hay que ir con un libro leído para hablar de él, en los clubes de lectura lentos no hay deberes ni tampoco propuestas de lectura de ningún tipo: cada persona lleva el libro que le apetece. El objetivo es tomar algo, apagar cualquier dispositivo electrónico, recostarse en un asiento cómodo y disfrutar de una hora completa de lectura sin interrupciones. Al terminar ese tiempo, quien lo desee puede quedarse y compartir impresiones con otros miembros, charlar sobre libros o, si quiere y el espacio lo permite, leer un poco más. 

Quienes forman parte de estos clubes, afirman que los beneficios son varios: 

  • Mejora la capacidad de concentración.
  • Reduce el estrés.
  • Incrementa la capacidad de pensar, escuchar y comprender.
  • Sigue teniendo además un fuerte componente social. 

Este movimiento encajaría en nuevas tendencias como el movimiento slow o el mindfulness, que lamentablemente han pasado de ser actividades con connotaciones positivas a conformar en ocasiones espectáculos bochornosos en muchos foros. En origen, la idea es disfrutar de lo que se esté haciendo en ese momento, sin preocuparse por nada más y dejar que la mente tome conciencia de cada experiencia de forma plena, con los cinco sentidos. ¿Por qué no iba a ser la lectura otra piedra angular de ese movimiento, cuando cada vez es más difícil leer un libro de prinicipio a fin de un tirón, sin levantar la cabeza? 

Foto: Karolien Coenen. Club de lectura lenta Leesclub en un café.

Foto: Karolien Coenen. Club de lectura lenta Leesclub en un café.

Ideas para un club de lectura lenta

Si os gustaría participar de esta propuesta, aquí van algunas pistas que desde el primer club, Slow Reading Club, dan a quienes quieran adentrarse en la lectura lenta: 

  1. Haz tiempo en tu vida para leer. No lo veas como una obligación, sino como un placer. 
  2. Evita el descontrol de elegir: ¿tienes miles de libros en tu ebook o en tus estanterías sin leer? Eso puede llevarte al bloqueo. Selecciona una estantería y elige un libro de ahí, sin preocuparte de los demás. Reduce las opciones y te será más fácil ponerte en marcha. 
  3. Para empezar, emprende retos pequeños. No es necesario que te propongas leer todos los premios Nobel. No hay nada malo en escoger un libro más ligero o una “lectura culpable” para empezar. Elige algo que te mantenga entretenido al menos media hora. 
  4. Relee tus libros favoritos. Tampoco es necesario abarcar todos los libros publicados y por publicar. No hay problema en retomar una lectura que te entusiasmó. Tal vez encuentres aspectos nuevos que te entusiasmen o quizás ahora has madurado como lector y ya no te llena tanto, pero aún así te reconecta con tu joven lector. 
  5. Lee de forma activa. ¿Alguna vez has terminado una página y te das cuenta de que no sabes qué has leído? Evítalo. Intenta leer “en voz alta” en tu cabeza. No hay problema en que vuelvas atrás y releeas lo que necesitas. Y, si estás cansado, para. Ya retomarás la lectura en otro momento. 
  6. Reduce de forma consciente la velocidad de lectura. Si lees mucho online, es normal que estés acostumbrado a leer “en F” o a escanear el texto buscando lo más importante. Evítalo prestando atención a cada palabra. 
  7. Ama las palabras. Haz listas de las palabras que te gustan y de las que no; apunta las frases que más te han entusiasmado. 
  8. Desconecta. Asegúrate de apagar todos los dispositivos electrónicos y disfruta al máximo del tiempo de lectura. 
  9. Despeja tu mente. Antes de comenzar a leer, tómate un tiempo para inhalar y exhalar con calma cinco veces y concéntrate solo en respirar. ¿Ya está? ¡Pues empieza a leer!
  10. Únete a algún colectivo lector. Disfruta de la lectura en compañía de otros. 

La verdad es que me resulta una idea muy apetecible que quería probar. ¿Conocéis algún club que funcione bajo estas directrices? ¿Me contáis vuestra experiencia con un club de lectura lenta?