Debía publicar ayer. Pero he preferido esperar al siete de julio. Es San Fermín, cierto. Pero también es el día en que se cumplen cinco años desde que Relatos en construcción salió a la luz. Es el momento de hacer balance y pensar en qué va a suceder a partir de ahora.

Relatos en construcción va a relajar su existencia. Mi conciencia me dice que tendría que parar, que pasar a ser una parte de mi pasado, pero me resisto a ello. Ha sido el trabajo que más me ha durado. Sí, pienso en el blog en términos de trabajo. Es una pasión, claro. Me hace sentirme bien. Me gusta escribir en él y compartir con otros mis reflexiones, artículos y reseñas. Pero tampoco me llevo a engaños: hoy en día Instagram hace buena parte de estas funciones, en especial la de ser una plataforma para compartir lecturas, y lo hace —mientras Facebook no termine de destrozar el algoritmo, algo que ya se empieza a notar— llegando a más público del que puedo alcanzar con estas páginas. Un blog cuesta trabajo. Y tiempo, sobre todo tiempo. Algo de dinero también, aunque no una barbaridad, por suerte.

5 años... y sumando

De todos es sabida mi tendencia a aburrirme con el color de mi pelo.

Entonces, ¿Qué voy a hacer? Pues casi con toda segurirad bajaré a una publicación cada semana o cada quince días, centrando el contenido en reseñas o literatura. No quiero que desaparezca. Aun en el caso de que no escriba, seguirá ahí mientras pueda costear el dominio y el alojamiento web. Gracias a Relatos en construcción he conocido gente magnífica y he conseguido algo que hace años era impensable:

El día 2 de Julio me di de alta como autónoma. Sí. Después de muchos tumbos, de algunas desilusiones y de estar un poco harta de todo, me he vuelto un poco loca y me he lanzado. No sé si saldrá bien o no. Pero sé que tenía que intentarlo. Si puedo ponerme el pelo de color rosa bien puedo lanzarme al agua —queda muy bien decir esto en julio, cuando en realidad este año no habrá vacaciones para mí y no recuerdo la última vez que pisé una playa o una piscina—. Habrá tiempo para otras cosas si no funciona y la experiencia que ganaré por el camino será incalculable, de eso estoy segura.

Así que veo más que necesario empezar una web nueva, una que no parezca una afición sino una declaración de intenciones a nivel profesional. ¿Cuándo verá la luz? Espero que pronto. Desde luego os invitaré a conocerla, porque sé que entre mis artículos más visitados están los referidos a técnicas de escritura, creatividad, generación de ideas o gestión efectiva del trabajo. Estos artículos los migraré con seguridad (después de una adecuada revisión) al nuevo espacio y allí será donde genere más contenido relacionado con estos temas.

Siguiendo con la revisión anual:

Este año he publicado 85 entradas, por debajo del objetivo de dos entradas semanales. La responsabilidad es, claro está, mía. Unas veces ha sido falta de tiempo, pero en muchas otras ha habido una notoria falta de organización o de ganas. Anímicamente ha sido un año complicado y no puedo más que dar las gracias a quienes han estado cerca o a aquellos que con una simple frase en redes han logrado darme el empujoncito que necesitaba para seguir. La parte positiva de esto es que este año he aprendido a prestar más atención a mi cuerpo —lo que es muy triste a los 35, cuando es algo, en especial en el caso de la mujer, que nos tendrían que enseñar desde antes de la primera menstruación—: sé cuándo tengo que bajar el ritmo porque lo más importante soy yo. Sé perdonarme y no auto castigarme cuando no llego a todo lo que querría y no me siento mal por ello. Bueno, no mucho.

Si creo que la calidad y variedad de las entradas ha sido mayor. Hay menos reseñas, pero a cambio hay contenidos más útiles para el lector ocasional o fiel y he añadido varias entrevistas de las que estoy muy orgullosa, demostrando que en mi ciudad se hace una gran labor a favor de la lectura y que hay librerías muy implicadas con los lectores y que obedecen a los viejos esquemas de los libreros sin renunciar a situar su labor en los tiempos que corren.

Este año además he comenzado a colaborar con una web de cine aportando entradas con reseñas de libros sobre cine, he sido jurado de un certamen literario, he escrito un prólogo para un fanzine que pronto se publicará y me han surgido varias oportunidades profesionales relacionadas con la escritura. En unos meses también espero que vean la luz un par de proyectos colaborativos que se están poniendo en marcha ahora mismo y que llegarán a buen puerto si todo va bien. Y he conocido gente estupenda, que es lo más importante.

¿La parte negativa? El crecimiento en visitas no ha sido tan bueno como esperaba —los números se han mantenido como en 2017, puede que un poco mejor pero no son como para tirar cohetes— y… capítulo aparte merece la parte de escritura de ficción. El balance ahí sería casi nulo. ¿Me fastidia? Sí y no. No es que no haya escrito. He escrito mucho, muchísimo, más que nunca. Pero he escrito, sobre todo, textos de carácter comercial —que me dan de comer, no olvidemos ese pequeño detalle—. Ahora mismo no siento la llamada de la literatura más que como lectora. No creo que sea algo malo. Hay tantos, pero tantos libros buenos ahí afuera a la espera de ser leídos que no hay remordimiento por sumar un volumen que, ahora mismo, sería probablemente mediocre. De mediocridad están las librerías llenas. Como he dicho, me he quedado por debajo del objetivo de publicación y tengo algunas cuestiones pendientes que me gustaría haber retomado —como el reto #yoleoautoras con Edith Wharton que este año está parado o la posibilidad de juntar mis relatos breves en un librito digital que pueda regalar o, quien sabe, incluso vender a un precio que me permita mantener la web en marcha—.

No sé, poco más me queda por decir aquí. Un año más ha pasado. Me quedo con lo bueno, que es la gente que está al otro lado de la pantalla, la que me saluda por la calle —el pelo rosa ayuda una barbaridad para que te recuerden—.

Mi puerta digital está abierta si queréis traspasarla, dejar comentarios o dar ideas.

Un abrazo a todos y a por otro año más.

La tarta de cumpleaños que Relatos en construcción se merece. Si alguien quiere enviármela, que avise 😉

GuardarGuardar

GuardarGuardar