Esta semana me han hecho una propuesta laboral muy interesante, en la línea de lo que visualizo como mi futuro profesional, o al menos lo que me gustaría que fuera mi trabajo en el futuro, algo que espero conseguir con una buena dosis de esfuerzo por mi parte y, por qué no, algún que otro golpe de buena suerte.

Llevo trabajando con la persona que me ha ofrecido este proyecto desde hace varios meses, cree que podré hacerme cargo de su hijo más querido, como lo llama, confía en mis capacidades y mis aptitudes y…

Y, sin embargo, yo no lo veo tan claro. ¿Por qué? Porque hay una vocecita ahí, en el fondo de mi mente, que no deja de decirme que no estoy capacitada, que soy una farsante, que la carrera que estudié no tiene nada que ver con este trabajo y que, por lo tanto, no debería ni planteármelo, que…

¿Os suena de algo? A mí, sí. Es la misma voz que me dijo que no estaba autorizada a abrir un blog sobre literatura porque era “de ciencias”, a escribir notas de prensa porque no era periodista, a trabajar de copywriter porque no sé generar la suficiente empatía… Esa voz ha estado siempre ahí y todavía me acosa cuando me planteo empezar un nuevo proyecto.

Es una vocecita muy tocapelotas, si me permitís la grosería.

Esa voz es lo que Amanda Palmer llama La policía antifraude en su autobiografía El arte de pedir

La policía antifraude

El concepto no lo ha inventado ella, por supuesto. Pero el nombre me parece de lo más acertado. En un taller de creatividad al que asistí hace unos meses, impartido por Miren Lauzirika, de Art for life, ella lo llamaba el bichito que tenéis que guardar en el bolsillo más profundo del abrigo que menos os pongáis. Amanda Palmer, por su parte, describe la sensación que provoca la Policía antifraude con mucha precisión:

Pero yo creo que incluso estos tipos temen a la Policía antifraude. Y que incluso un neurocirujano experimentado, sujetando un escalpelo y a punto de dejar al descubierto el cerebro de alguien, tiene que pensar en algún momento: “no puedo creer que me dejen hacer esto. Acaso no saben que soy un inútil. He perdido mis llaves esta mañana. Se me ha caído el móvil en un charco y se me ha roto, y estoy aquí sosteniendo un cuchillo afilado, a punto de abrirle la cabeza a alguien, y ese alguien puede que muera. ¿Quién me deja hacer esto? Están locos.

La mentalidad de crecimiento

Mientras estaba dándole vueltas a cómo plantear esta entrada, me topé con el artículo de Francisco Sáez: Por qué necesitas una mentalidad de crecimiento y cómo puedes conseguirla.

En el artículo, Francisco reflexiona sobre el libro Mindset, de Carol Dweck. En el libro, la psicóloga explica que hay dos tipos de personas: las que tienen una mentalidad fija y las que tienen una mentalidad de crecimiento:

  • Las que tienen una mentalidad fija, temen enfrentarse a cosas que no dominan. Si les dan a elegir entre un reto que les permita aprender algo nuevo o una tarea sencilla que les asegure quedar bien, se decantarán por lo segundo. Cuando se encuentran con dificultades, tienen a huir asustados o a culpar a otras personas por haber puesto en su camino algo que no saben afrontar. El fracaso no está en su vocabulario, porque es síntoma de debilidad, les hace quedar mal ante los demás y no se pueden permitir eso.
  • Por su parte, las personas de mentalidad creciente aprenden de sus fracasos y emprenden nuevos retos porque su objetivo es adquirir habilidades, por encima de que el resultado sea el esperado o no. Para ellas, la clave está en el esfuerzo y la dedicación y los errores son tan sólo un primer paso hacia algo más grande. Lo importante es desarrollar todo el potencial posible.

[bctt tweet=”Hay dos tipos de personas: las que tienen una mentalidad fija y las que tienen una mentalidad de crecimiento. ¿Cuál eres tú?” username=”patmimo”]

two-mindsets-fixed-and-growth-carol-dweck¿Cómo puedo conseguir una mentalidad de crecimiento?

Si crees que tu mente se ajusta más al modelo fijo: no estás solo. Yo también estoy mucho más cerca de ese modelo que del de crecimiento. Pero no desesperes: se trata solo de una creencia y, aunque no es fácil, puedes desprenderte de esa visión de ti mismo y convertirte en una persona en crecimiento constante. Aquí van algunas ideas que pueden ayudarte:

  • Cada vez que sientas que la Policía antifraude está ahí o que el “bichito” acecha, cógelo y guárdalo en el lugar más profundo de tu mente. Cuanto más hable nuestra parte inconsciente de manera “negativa” aferrándose a la mentalidad fija, más hay que esforzarse “conscientemente” en desarrollar una actitud positiva.
  • Cuando te enfrentes a un nuevo reto, tómate un tiempo para crear un plan de acción: piensa en los pasos que hay que dar, busca medios para conseguir tus objetivos, aclara éstos de la forma más detallada y precisa posible… De esta forma, a la hora de actuar solo tendrás que seguir la guía que tú mismo has planteado.
  • Visualiza todos los logros que has conseguido hasta ahora: puedes llevar un diario de gratitud (si no sabes cómo, aquí te lo explican en cómodos pasos), hacer un panel visual con fotos de momentos que te resulten muy motivadores —aquella vez que ganaste un certamen literario, un comentario que te agradó especialmente de alguno de tus lectores, una recomendación de trabajo sincera de un exjefe o compañero, la charla que diste en unas jornadas, la portada de tu primer libro…—. Eso te ayudará a ser consciente de que, aunque en el pasado has tenido retos complicados, has conseguido salir victorioso gracias a tu esfuerzo y dedicación. ¿Por qué esta vez no va a ser así?
  • Crea hábitos y no intentes abarcar tu reto de una sola vez. Si crees que es imposible escribir un libro, crea el hábito de escribir diez minutos al día. Poco a poco te irás acercando a tu objetivo y tu mente se dará cuenta de que no es algo tan temible como quería hacerte creer en un principio.
  • No elimines los retos de tu vida, no los rehuyas. Los retos son clave en todo proceso de aprendizaje. Busca aquellos que te ayuden a salir de tu zona de seguridad, pero sin que sea necesario irse muy lejos. Si tu gran reto es correr una maratón, ¿qué tal si empiezas por plantearte una carrera local de cinco kilómetros y luego, una vez conseguida, das un paso más?
  • Y por último: equivócate. No hay nada malo en cometer errores. Sé paciente y constante, busca nuevas opciones para lograr tus objetivos y aprende todo lo que puedas por el camino.

Y yo, ¿qué voy a hacer?

En este caso, lo tengo claro: he decidido que voy a intentarlo. Tal vez vaya genial, tal vez no, pero seguro que, al final, aprendo algo útil y es un paso más para conseguir mis objetivos. Es decir, he decidido que quiero estar más cerca de la mentalidad de crecimiento. Amanda Palmer llega a la misma conclusión:

Algún día, os lo prometo, llegará el momento en el que la Policía antifraude llamará a vuestra puerta, y vosotros abriréis. Y entonces os acusarán de ser un fraude, pero vosotros seréis capaces de responder con honestidad: “tienes razón. Todavía no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Voy aprendiendo sobre la marcha, pero está saliendo bien.

Por cierto, los fragmentos los he extraído de este discurso de graduación que dio en 2001, que tiene mucha relación con El arte de pedir. Podéis leer el texto íntegro aquí.

 

¡Deseadme suerte!

Es vuestro turno para comentar lo que más os apetezca: ¿tú también compartes conmigo esta sensación de sufrir el acoso —y derribo a veces— de la policía antifraude? ¿Cómo te enfrentas a ella: con una mentalidad fija o de crecimiento? Los comentarios están abiertos para lo que quieras contar. 

Derechos de la fotografía de portada: Prometheus_lego vía Flickr Creative Commons