Leer más rápido no es un propósito en mi vida. Me gusta disfrutar de la lectura, saborear las palabras con calma, ver cómo se forman las frases, los párrafos, preguntarme por la elección de tal o cual palabra… La lectura es una forma de ocio para mí y me gusta vivirla con calma. Poner plena atención en lo que leo es algo básico para mí, como ya te comenté en este artículo sobre la lectura activa hace unos meses.

Pero se da la circunstancia de que también leo por otros motivos: documentación variada por cuestiones de trabajo (boletines oficiales, normativa europea, manuales de equipos…), libros, blogs y manuales sobre cuestiones en las que quiero formarme… Información y más información que se acumula en todos los rincones de mi casa y a la que quiero dar salida en un plazo razonable, donde razonable suele ser lo antes posible.

Si tú también estás en esta situación, la mejor opción es aumentar tu velocidad de lectura. Para eso hay una serie de técnicas que pueden ayudarte a ejercitar esta habilidad.

Por cierto, antes de empezar… ¿sabes cuál es tu velocidad de lectura? Puedes descubrirlo haciendo, por ejemplo, este test (si encuentras otros en red, ¡compártelos en los comentarios!).

La mía, por si tienes curiosidad, es de 530 palabras por minuto, aunque el problema de estos test es que te ponen en “modo alerta”, así que no sé hasta qué punto resultan fiables.

Ahora sí, vamos con las técnicas:

1. Acaba con el diálogo interno.

La subvocalización, o también llamado diálogo interno, es algo muy común entre los lectores. Es el proceso por el que repites mentalmente las palabras según las vas leyendo y es uno de los mayores obstáculos a los que te vas a enfrentar a la hora de aumentar tu velocidad de lectura.

Para entenderlo, estas imágenes pueden ayudarte. Cuando subvocalizas, las palabras que captas con los ojos pasan por el sistema acústico antes de llegar al cerebro.

subvocalizacion

Sin embargo, cuando conseguimos erradicar la subvocalización, eliminamos un paso y la lectura es más rápida. sinsubvocalizacion

Cuando nos enseñan a leer de pequeños, nos piden que vocalicemos todas las palabras y las leamos en voz alta. Una vez que leemos con la suficiente habilidad, nos inculcan eliminar la necesidad de pronunciar las palabras en voz alta, pero nos animan a “leerlas” en nuestras cabezas. Así es como se crea el hábito de la subvocalización, y mucha gente lo arrastra a lo largo de su vida. No es algo malo ni que suponga un problema de comprensión lectora, pero si lo que quieres es aumentar la velocidad de lectura, hay que superar esta fase.

¿Por qué supone una rémora este hábito? La velocidad media de lectura es más o menos la misma que la velocidad a la que hablamos. De acuerdo a la revista Forbes, la velocidad media de lectura de un adulto es de 300 palabras por minuto. La velocidad media a la que hablamos es la misma. Como mucha gente tenemos la costumbre de pronunciar las palabras en nuestra mente o subvocalizar a medida que leemos, la velocidad de lectura se ve limitada por la velocidad a la que hablamos. Si quieres incrementar la velocidad, hay que eliminar este proceso.

Para ello, es preciso que comprendas que es algo innecesario: no necesitas pronunciar cada palabra para comprender el sentido del texto que estás leyendo. Era necesario cuando eras pequeño, pero ahora eres capaz de extraer el significado con sólo mirar las palabras. Tu cerebro es capaz de procesar las imágenes (palabras) que ves.

¿Cómo puedes conseguirlo?

Hay muchas técnicas pero, para empezar, aquí van algunos trucos. Son técnicas que ayudan a distraer a tu cerebro y mantenerlo menos localizado en la subvocalización sin que dejes de entender el  texto.

  • Contar del 1 al 10 y repetir: “uno, dos, tres, …, nueve, diez, uno, dos, …”
  • Repetir una sílaba constantemente: “la, la, la, la, la, …”
  • Escuchar música instrumental que no te suene de nada

2. Lee “por bloques”

Leer por bloques está muy conectado con eliminar la subvocalización. Supone leer varias palabras de golpe, y es una de las técnicas fundamentales para aumentar la velocidad de lectura, probablemente la más activa y la que más avances te va a proporcionar.

Cualquier presona puede asimilar varias palabras de una vez, a pesar de que estemos entrenados para leer las palabras una a una y no perder ni una preposición. Una de las formas es usar la visión periférica, pero a eso ya llegaremos más tarde. De momento, céntrate en leer tres palabras de un vistazo. Continúa leyendo la página así, de tres en tres palabras, y notarás cómo tu ritmo hace que acabes la página mucho antes. Sigues entendiendo el significado de lo que has leído, pero has tardado menos tiempo.

Ahora, ve un paso más allá. Con un lápiz, divide la página en tres bloques, dibujando dos líneas paralelas a distancia más o menos parecida. Empieza por la parte superior a la izquierda y cubre las líneas por debajo con un papel. Céntrate en leer de una vez cada uno de los tres bloques que tienes a la vista: primero el izquierdo, luego el central y luego el derecho. Sigue así con cada una de las líneas, desplazando el papel que las cubre hacia abajo poco a poco. Notarás cómo tu velocidad de lectura aumenta poco a poco.

3. No leas dos veces lo mismo.

Preocúpate por romper la rutina de leer dos veces las palabras de un texto. Si te fijas en el movimiento de los ojos de una persona normal cuando lee, verás que van de un lado a otro con rapidez, y a veces saltan y revolotean. No sólo avanzan, que es lo que deberían hacer. Esto es debido a que la mayoría de la gente tiende a volver atrás la vista sobre palabras que ya han leído y esto les impide leer más rápido.

Es un gesto que no siempre hacemos de forma consciente y del que no nos damos cuenta, lo que hace más complicado romper este mal hábito. La forma más fácil de conseguirlo, aunque suene infantil, es usar un dedo como guía de texto. Continúa moviendo el dedo de izquierda a derecha y hacia abajo, sin detenerte ni volver atrás. Los ojos seguirán el movimiento del ojo e irán captando las palabras a lo largo del texto. Cuando llegues al final, reflexiona sobre lo que has leído. No has releído ninguna palabra y, aún así, seguro que has conseguido retener de qué iba el texto.

4. Usa la visión periférica

La visión periférica engloba todo lo que hemos visto hasta ahora. Es lo que une todas las técnicas anteriores. Aunque no sea el paso final, es sin duda un punto crítico. Junta todo lo que hemos visto para comprender un grupo más amplio de palabras de una vez.

En lugar de asimilar pequeños grupos de palabras, intenta leer una línea completa de una vez. Esto implica que mires al centro de la línea y que hagas uso de tu visión periférica para leer los laterales. Escanéa la página completa con esta técnica y, cuando alcances el final, verás que todavía comprendes el significado del texto, y que lo has leído en tiempo récord.

5. Usa un temporizador

Esta técnica se usa para la siempre presente “gamificación” o transformación de una actividad en un juego. Consiste en que te retes a superar tu récord de velocidad de lectura. Para ello, programa en un temporizador un tiempo de un minuto y lee a tu ritmo normal hasta que suene la alarma. Cuando el tiempo se ha agotado, apunta cuántas páginas has leído y trasládalo a palabras —puedes contar las palabras directamente, pero también usar ciertas aproximaciones. Por ejemplo, un A4 con un tamaño de letra 12, contiene unas 350 a 400 palabras—.

Ahora, repite el test y apunta el nuevo número. Continúa así hasta que batas tu anterior récord. Puedes definir una meta diaria o semanal e intentarlo hasta que logres superarla. Continúa jugando y verás cómo tu velocidad de lectura se incrementa.

6. Fíjate un objetivo

Asegurarte de que tu objetivo es S.M.A.R.T. (de sus siglas en inglés: específico, medible, alcanzable, realista y con una fecha límite) es la mejor forma de lograr alcazar tus metas. Ponte un objetivo de un cierto número de palabras/páginas a leer cada día/semana… y aférrate a él. Ve apuntando los avances.

Cuando lo consigas, recompénsate. A nadie le hace daño un pequeño incentivo. Y luego… ¡ponte un objetivo un poco mayor!

7. Lee Más

El viejo dicho “La práctica hace la perfección” es más que aplicable en este caso. Cualquier profesional, artista, músico… practica su oficio de manera regular. Un lector debería hacer lo mismo. Cuanto más leas, mejor leerás. Y cuanto mejor leas, mayor será tu velocidad de lectura. Usa esta técnica para impulsar tu potencial.

8. Usa un marcador

¿Tienes tendencia a deslizar tu visión por la hoja mientras lees? No hay problema, puedes eliminar este mal hábito colocando una cartulina bajo la línea que estás leyendo y desplazándola a medida que avanzas. Esto te va a obligar a leer una línea cada vez y, con el tiempo, tus ojos perderán el vicio de buscar otros puntos de referencia en la página.

9. Mejora tu vocabulario

Piensa en lo que sueles hacer: estás leyendo y te topas con una palabra cuyo significado no conoces. ¿Te la saltas? ¿Tratas de deducir su significado por el contexto? ¿Lo buscas en un diccionario? Sea cual sea la decisión que tomes, tu velocidad de lectura ha sufrido un importante descenso, eso si no has parado directamente para buscar el significado.

Si trabajas en mejorar tu vocabulario, conocerás más palabras. Cuantas más palabras haya en tu repertorio, más rápido podrás leer y, por tanto, leerás más información. Es muy evidente, lo sé, pero no por eso deja de ser importante.

Hasta aquí algunas de las técnicas que quería recomendarte y que espero que te sirvan de utilidad.

Ahora tienes los comentarios a tu disposición: ¿Necesitas mejorar tu velocidad de lectura? ¿Has usado alguna de estas técnicas? ¿Te han funcionado? ¿Hay alguna otra que quieras recomendar? 

Fotografía: Denise Krebs (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)