Nota: este artículo es la continuación de Mapas mentales (I): resolver problemas de forma creativa. Si ya sabes en qué consisten los mapas mentales, no es preciso que lo leas. Si no, te lo recomiendo.

En la última entrada explicaba qué son los mapas mentales, bajo que sencillas reglas se forman o qué aplicaciones pueden tener en la vida real. Hoy quiero centrarme en una de esas aplicaciones: la escritura de textos. No solo nos referimos a textos literarios, sino a cualquier tipo de composición: un artículo periodístico, una entrada para un blog, una presentación, una conferencia, un trabajo universitario…

En muchas ocasiones, lo más complicado es saber sobre qué vamos a escribir y enfrentarnos a la hoja o a la pantalla en blanco y comenzar. En esa situación, los mapas mentales son una buena herramienta para arrancar y generar ideas. Pero también son útiles cuando ya tenemos un planteamiento base y lo que queremos es organizar nuestros pensamientos, darles forma y añadir nuevas cuestiones que puedan surgir.

En estos casos, el foco (recordad que el foco es la idea central a partir de la cual se estructura el diagrama) puede ser, por ejemplo, el tema de un certamen literario. Así que un buen ejercicio para aplicar los diagramas mentales es colocar el tema en el centro y comenzar a dejar que el pensamiento fluya a partir de ese término, sin ningún tipo de restricción y sin juzgar, a fin de que queden por escrito el mayor número de ideas posibles hasta que, de repente, se dé con la idea que se quiere desarrollar y, entonces sí, se pueda empezar a escribir un texto.

Esta forma de plantear ideas ayuda a estar en contacto con el subconsciente y, supuestamente, ayuda también a encontrar un tono único, personal y exclusivo, dotado de mayor emotividad, color y ritmo. Estamos dejando que la creatividad surja y que nuestras experiencias individuales (que son, a fin de cuentas, las que van a ir abocetando ese diagrama) se fundan con la perspectiva y con la conciencia para dotar a nuestros textos de una forma única.

Para poder aprovechar al máximo los beneficios en la escritura de los mapas mentales, no hay más secreto que este: practicar. Aprovecha cualquier ocasión para hacer un pequeño esquema sobre algo que te llame la atención: una persona que hayas visto en la calle, una noticia del periódico, algún comentario captado a medias en una conversación ajena, un párrafo de algún libro que estés leyendo… Los mapas mentales ayudan a dar rienda suelta a la mente, y tan solo hacen falta unos pocos minutos.

Aprovecho para recordar algunas normas básicas: 

  • Apunta ideas asociadas con el foco y conéctalas a él mediante líneas.
  • Anota todas las asociaciones que se te ocurran, sin entrar a valorarlas.
  • deja que cada asociación dé lugar a nuevas ideas.
  • Conecta a su vez estas ideas con las anteriores mediante líneas, formando un “árbol”.
  • Cuando hayas llegado al momento en que ya sabes cómo quieres enfocar el texto o te has quedado sin asociaciones, comienza a escribir los primeros párrafos de tu texto.

El resultado final de un mapa, sin entrar en colores, dibujos o demás, podrías parecerse al de la siguiente imagen, si bien sería preferible que las ideas no fueran tan extensas y se condensaran en un par de palabras a lo sumo:

Así, un mapa mental sería una primera fase en un proceso de escritura. En un relato corto o microrrelato puede ser suficiente con las ideas que generes, pero en un texto más largo (una novela, un ensayo con varios capítulos…) serán necesario que, a partir de las ideas generales, generes un mapa para cada punto en el que que atasques. ¿qué tal uno por cada personaje, que te ayude a definir sus orígenes, su carácter, sus expectativas…? ¿O un diagrama mental para definir los elementos que forman parte de un escenario claven en la trama?

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Idea de mapa mental aplicado a la definición de un personaje. Fuente: Marco A. Cupido

En este artículo de David Esteban también podéis encontrar algunas ideas de mapas mentales aplicados a la escritura de guiones.

Es posible que no lo necesites siempre, pero es un recurso más que interesante en los momentos en que no sepas definir por dónde tirar o cómo empezar. Una vez desbloqueados, podréis seguir escribiendo de la forma que os resulte más habitual.

Como ya comenté en la entrada anterior, las ideas aquí expuestas están extraídas del libro Trucos de la mente creativa, de Joyce Wycoff. 

¿Habéis puesto en práctica esta técnica en algún momento aplicada a la escritura? ¿O a lo mejor usáis alguna otra parecida? Podéis dejar vuestros comentarios.