Soy una lectora compulsiva. Desde pequeña. Lo he heredado de mi madre. Bueno, eso y unos dedos bastante largos que me hubieran sido útiles si hubiera decidido aprender a tocar el piano. Leer es una parte imprescindible de mi vida. Hace unos días encontré en redes esta imagen que me encantó, porque me define bastante bien (lo siento, pero no he localizado la fuente original). Es exagerada, pero los tiros van por ahí:

Amo leer, relatos enconstrucción

(Querida gente: siento no ser como vosotros. Amo leer. Amo los libros. De verdad disfruto quedándome en casa un viernes. Soy diferente. Aprended a aceptarlo.)

Cuando hablo con la gente sobre mis lecturas, muchas veces me encuentro con respuestas del tipo “no sé cómo lo haces”, “yo no tengo tiempo para leer”, “ya me gustaría poder leer un rato, pero tengo demasiadas cosas que hacer”, “me lo propongo todos los años en enero pero luego nunca cumplo”… A mí, la verdad, todo esto me suena a excusa. Es cierto que hay momentos más agobiantes, con mayor carga de trabajo o de asuntos personales, pero si de verdad te propones leer más, hay muchas formas de conseguirlo.

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Esta semana me he propuesto ayudaros a leer un poco más, con algunos consejos que os pueden funcionar. Vamos con ello:

1. No pretendas matarte a leer

Que sí, que en enero (o en septiembre, con el comienzo del curso escolar) todo son buenos propósitos: ¡Este año voy a leer una hora todos los días! ¿En serio? ¿Y a qué piensas renunciar para conseguirlo? ¿Vas a dormir una hora menos, vas a dejar de ir al gimnasio (al que, por supuesto, también irás una hora todos los días) o vas a dejar de comer a mediodía?

Crear un hábito no es algo sencillo y requiere de un plan. Ya lo decía Aristóteles:

Somos lo que repetidamente hacemos. La excelencia, entonces, no es un acto, pero un hábito

Mi consejo: Sueña en grande, pero trabaja en pequeño. Si quieres implantar el hábito de la lectura, proponte al principio leer diez minutos al día. Incluso cinco, si diez te parece demasiado. ¿A que ahora te parece más sencillo? Tu mente se está resistiendo a incluir una nueva actividad en tu vida y tienes que ser un poco taimado y engañarla. No te plantees leer un libro: plantéate leer una página. Poco a poco irás construyendo el hábito y podrás ampliar el tiempo de lectura. Lo importante es ser constante, no proponerte retos mastodónticos.

2. No transformes la lectura en una obligación

Conozco una persona que estaba obsesionada con leer un libro a la semana. Lo incluía en cada planificación semanal. Todos los lunes se decía a sí misma que lo conseguiría. Pero no cumplía jamás. Cuando le pregunté por qué, me respondió que el libro que estaba leyendo no le gustaba, pero que como lo había pagado, sentía que tenía que terminarlo.

No te hagas eso a ti mismo: Disfruta de la lectura. Si un libro no te gusta —y no tienes que leerlo por cuestiones académicas o laborales—, ¡déjalo! De verdad, no merece la pena que estés sufriendo por un libro que no te hace sentir bien. Sí, has pagado por él, pero nadie sabe a qué se va a enfrentar al pasar la primera página. El mundo está lleno de demasiados libros divertidos, amenos, instructivos o emocionantes como para perder tu tiempo batallando contra un imposible.

No olvides que dejar un libro a medias es uno de los Derechos fundamentales del lector.

3. Lleva un libro a todas partes

¿Os acordáis de Oliver Atom, de Campeones? El que iba a todas partes con un balón diciendo “El balón es mi amigo” y llegó a ser un grandísimo futbolista (en los dibujos, claro).

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Vale. Pues el libro es vuestro amigo. Llevadlo a todas partes. En el bolso, en la mochila, en una bolsa del supermercado, en las manos si hace falta. Sentid su peso y su presencia. Dejad que os haga sentir un poco culpables por no estar leyendo en ese preciso instante. No os arrepintáis por no haber pasado ni una sola de sus hojas cuando estéis de vuelta en casa.

No despreciéis el poder de cinco minutos. Esos cinco minutos de cola en el supermercado, en el metro, en la consulta del dentista o del abogado, en una administración pública… pueden suponer la diferencia para que consigas tu reto de lectura. Yo leo de media cincuenta páginas a la hora (no soy especialmente rápida, lo sé, pero no me preocupa). En cinco minutos habría avanzado algo más de cuatro páginas.

4. Manda la tecnología a hacer puñetas

No me ha quedado muy fino, pero os hacéis a la idea. Con una excepción: el lector digital. Si lees en formato digital, intenta hacerlo en un lector destinado a ese uso, y no en un smartphone o en una tableta. No dejes que la tentación de ver qué ha pasado en Facebook o el último tuit de Fulanito te distraigan de tu objetivo: tú lo que querías era leer, ¿no? Pues, si es posible, deja el móvil, el portátil o cualquier otro cachivache electrónico en otra habitación.

Y, por supuesto, apaga la televisión. Algunos estudios indican que, en 2015, la media de tiempo que pasamos delante de la televisión fue de ¡3 horas 54 minutos al día! ¡Qué barbaridad! Igual no es tu caso, pero te recomendaría que, durante una semana o mejor un mes, anotases el tiempo que has empleado en ver la tele. Es muy probable que te sorprendas porque el valor final es más alto que lo que habías pensado en un principio.

Si te ajustas a esa media, en solo un día podrías haber acabado un libro. Bueno, en realidad te podrías haber planteado incluso escribir uno, con todas esas horas a tu entera disposición.

5. Lee libros cortos

Sí, hay libros larguísimos que no deberías dejar de leer (¿Os he dicho ya que estoy con La broma infinita de David Foster Wallace? ¿No? ¡Qué raro!), pero mi consejo va en la línea del punto uno: engaña a tu cerebro.

La gente que no está habituada a leer, suele asustarse un poco cuando le ofreces un libro “maravilloso e imprescindible” de cuatrocientas páginas. Lo más probable es que te digan gracias, lo cojan y, de seguido, lo dejen en una mesita cogiendo polvo. Es normal que la mente genere rechazo ante algo que ve como un imposible. Pero si empiezas por libros más cortos, verás que puedes acabarlos, disfrutarlos y tendrás ganas de leer más.

Hay libros cortos que amarás y que te animarán a lanzarte al mundo de las novelas (o libros de relatos, o ensayos…) de más de ciento cincuenta páginas. Yo he reseñado algunos aquí, aquí y aquí, pero hay cientos de ejemplos: El principito, La metamorfosis, La señora Dalloway, El extranjero, Desayuno con diamantes…

6. Piensa en los beneficios de la lectura

Para lograr implantar un hábito, lo primero es tener muy claro qué quieres conseguir: sin un objetivo irás a la deriva y, a la larga, acabarás fracasando porque no estás comprometido con lo que quieres.

Así que, antes de proponerte a lo loco leer mil libros al año, piensa: ¿Por qué quieres leer? Si la respuesta es para pasar un rato distraído, perfecto. Si es para mejorar tu vocabulario, perfecto. Si es para aprender nuevos puntos de vista, perfecto. No hay más respuesta acertada que la que de verdad te motive.

Si no habías pensado nunca en ello, aquí te dejo una infografía con algunos de los beneficios más reconocidos en la lectura que he encontrado en esta página:

Beneficios de la lectura

7. Lleva un control de tus lecturas

Otra vez vuelvo al tema de los hábitos: ¿Cómo vas a saber si tu estrategia está funcionando si no la controlas?

Además, saber cuántos libros has leído y querer superarte convertirá la lectura en un juego. No es cuestión de leer en diagonal para terminar antes. Para mí tiene más valor la lectura de calidad que la lectura rápida, pero nunca viene mal “picarse” un poco y ponerse retos asumibles.

La gamificación (o ludificación según la RAE) es un tema que ya traté hace unos meses con mis suscriptores. Es una herramienta que puede ayudarte a conseguir esa motivación extra para suplir cierta falta de disciplina. También puede ayudarte a conocer tu potencial ganando las pruebas que te impongas o que te impongan otros.

Puedes plantearte leer un número de libros al año (pon todas tus ganas, pero sé consciente de que, si no lo consigues, no se acaba el mundo: tu objetivo es leer más y disfrutar). También puedes pensar en salir de tu zona de confort y leer sobre materias que no te son habituales.

8. Convierte la lectura en una actividad social

Si todo lo anterior no te ha dado resultado (vuelve a pensar si de verdad quieres leer más o si solo es una de esas cosas que se dicen “por quedar bien”), te propongo una última solución: haz de tu compromiso algo público que puedas compartir con los demás.

Además de que te avergonzará no conseguir tu objetivo (nunca subestimes el miedo a quedar en ridículo en público y lo que eso te puede llevar a hacer), también puedes lograr que la lectura sea más entretenida. Algunas vías por las que lo puedes conseguir:

  • Clubes de lectura: busca en tu ciudad gente aficionada a la lectura y apúntate a lecturas en grupo (o monta tu propio club). Podéis comentar vuestras impresiones sobre un libro leído con anterioridad, leerlo en el momento (como es el caso de los clubs de lectura fácil) o, simplemente, reírte un poco de lo difícil que te ha resultado conseguir leerlo. Todo vale.
  • Busca recomendaciones en las redes: conecta con gente en Facebook, Twitter… que sean lectores apasionados. Te abrirán los ojos a un mundo de nuevas lecturas interesantes. Sigue también blogs de temática literaria. Al principio será un poco complicado, porque hay cientos de opciones, pero poco a poco, según vayas afinando tu gusto, verás con quiénes tienes más afinidad y cuales te aconsejan las lecturas que más te gustan.
  • Usa aplicaciones como GoodReads. Yo no lo considero exactamente una red social, porque la interacción es mínima si no lo trabajas mucho. Pero, al menos, te servirá para apuntar los libros que vas leyendo, puedes definir tu objetivo anual (con lo que el programa te lleva la cuenta) y ver qué retos se plantean tus contactos y puedes crear listas de libros que te interesa leer a partir de las valoraciones de otros usuarios.

Estos son algunos de los consejos que se me han ocurrido, pero hay muchos más.

Es tu turno: ¿Qué problemas tienes para leer más? ¿Qué te funciona? ¿Qué no? ¿Se te ocurre algo más que podríamos sumar a esta lista?

Fotografía: Patrick Tomasso (Unsplash con licencia Creative Commons Zero)