La semana pasada me topé con este libro en Anti Liburudenda —una librería de la que os hablaré en los próximos días— y me llamó lo suficiente la atención como para llevármelo a casa. Se titula ¿Cuándo dejaste de dibujar? y es obra de Puño, el alias del ilustrador David Peña, con prólogo de Jaime Burque y editado por Mapas Colectivos (otra pequeña editorial que podéis añadir a la lista de la que os hablé hace bien poco).

Los que me seguís en mi cuenta de Instagram, probablemente adivinéis por qué me lo llevé. Desde hace unos meses tengo el firme propósito de reactivar mi afición al dibujo. Más bien de quitar el óxido a mi muñeca porque, como todos vosotros, yo ya dibujaba de pequeña, pero con los años fui dejándolo hasta tener la sensación de no ser capaz ni de trazar una línea recta. Así que, cada día, hago un pequeño dibujo que no me lleve más de cinco minutos, empezando por tomar como guía un libro de dibujo para niños. Sí, hay momentos en que me siento muy débil o inútil dibujando pájaros, o patos o cerdos, pero día tras día voy ganando destreza.

Con la escritura sucede lo mismo.

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Algunos ensayos para recuperar mis habilidades de dibujo.

Puño lo resume muy bien en la frase que acompaña el título en la portada:

Tenemos el músculo de la creatividad tan oxidado que somos incapaces de disfrutar de las cosas como un fin en sí mismas.

David Peña, más conocido como Puño (Madrid, 1978), es un ilustrador, diseñador, fotógrafo y conferenciante que lleva desde 1994 trabajando con sus diseños y dibujos para cuentos infantiles, libros de texto, libros ilustrados, artículos, anuncios… También ha creado su propia editorial digital, ya desaparecida, Ediciones Peo, colaborado con medios como Público y El Mundo, agencias como J. Walter Thompson y empresas como Coca-Cola. Además, participa de Ultrarradio, colectivo autogestionado de autores-editores. No tiene formación específica en ilustración, así que podríamos considerarle autodidacta, pero sí es técnico en audiovisuales. Podéis ver parte de su trabajo en su web Kokokeko

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David Peña “Puño”. Fotografía extraída del Huffington Post.

Mientras leía el libro, descubrí que en realidad ¿Cuándo dejaste de dibujar? es la transcripción de la conferencia que Puño ofreció en el MAD 2011, un evento sobre diseño y creatividad —me resulta curioso, porque esta es la tercera conferencia “trasladada” después a un libro que os recomiendo, junto con esta y esta—. Sus reflexiones y consejos son una colección de pequeñas píldoras muy interesantes que creo os gustarán. Pero si no tenéis ganas de haceros con el libro y leerlo —algo que yo sí que os recomendaría—, siempre podéis escuchar y ver la presentación de su voz. Dura casi tres cuartos de hora, pero os prometo que es muy amena y no se os hará larga:

Puño – MAD 2011 from MADinSpain by Domestika on Vimeo.

Incluso si no tenéis ganas o tiempo de ver la conferencia o leer el libro, no querría dejar pasar la oportunidad de remarcar algunos de los conceptos que se mencionan, porque me parecen esenciales no ya para un ilustrador, sino para cualquiera que ejecute un trabajo creativo (fotógrafo, ilustrador, diseñador, escritor…) o para cualquiera que trabaje como freelance, en especial en artes creativas, pero también para traductores, correctores, profesionales del marketing online…

El dibujo —y tal vez también la escritura, porque cuando éramos pequeños contábamos historias, las inventábamos, de forma natural, sin pensar demasiado en ello— es una habilidad que la mayoría de la gente abandona en la adolescencia, y eso lleva a una atrofia del músculo creativo, un músculo que, como bien comenta Puño, es esencial en nuestro futuro, sea cual sea la actividad que desarrollemos. Es habitual que la gente asocie la creatividad a un arte concreto: la pintura, el dibujo, la escultura, la fotografía… pero se nos olvida que esto no es así: somos creativos siempre. Ya sea añadiendo una especie distinta al cocido del jueves,  combinando nuestra ropa de una forma no habitual, caminando la ruta que seguimos habitualmente para llegar al trabajo…

Puño compara con bastante acierto el dibujo con dos habilidades: la cocina y la escritura. Si pides a alguien que escriba o que cocine algo, lo hará sin problemas, sin preocuparse si está preparando un menú digno de un restaurante de lujo o si su caligrafía es perfecta. Sin embargo, con el dibujo no sucede eso: nos autocensuramos y llegamos a la conclusión de que, si no es perfecto, no merece la pena. Pero esa perfección no surge de un día para otro —Puño remarca que no existe algo así como un talento que, de la noche a la mañana, te permita acometer dibujos con gran detalle sin pasar por un aprendizaje previo— sino que es necesaria la práctica continuada, superar la zona de confort para ir adquiriendo nuevas habilidades. El talento son soluciones hace tiempo asimiladas a problemas que nos vamos encontrando.

El camino del aprendizaje está al alcance de cualquiera. Y hay que tener en cuenta esto que es muy importante: todos tenemos entre tres mil y diez mil dibujos malos. No tenemos que estresarnos y pensar “¡No puedo!”. Por supuesto que no puedes, nadie puede, pero hay que  animarse a dibujar. Si eres bueno, solo tendrás que hacer tres mil dibujos, si eres un desastre tendrás que hacer diez mil, pero tarde o temprano aprenderás, como aprendiste a escribir y aprendiste a cocinar.

Una de las partes de la conferencia que más me han gustado ha sido el decálogo (de once puntos) de consejos para ilustradores que, creo, son aplicables a muchos otros puntos:

  1. Tu vida es lo mismo que tu trabajo: no puedes pretender ser una persona en horario laboral y otra fuera de él. Tienes las mismas habilidades, las mismas debilidades. Crea rutinas y disciplínate.
  2. Adáptate al mercado y elige un nicho profesional: no tienes que descubrir la rueda, sino encontrar un área en la que veas un hueco, donde encajen tus habilidades y sea un nicho potencial para ganarte la vida.
  3. Sé flexible: distingue entre el artista y el ilustrador. Es posible que tengas que adaptar tus habilidades a las necesidades de tu cliente, a un estilo concreto que tal vez no te guste demasiado… adáptate para seguir adelante.
  4. Ejercita el músculo de la creatividad: no lo dejes de lado, exígete un poco cada día y plantéate retos.
  5. Sal de tu zona de confort: si hay un área profesional en la que te sientes más débil o torpe, ponte como reto superar esa incomodidad y ejecuta esa tarea una y otra vez hasta que la domines y puedas pasar a otra cosa.
  6. Oxigena el terreno. Es decir, date descansos, sal, déjate influenciar por otras áreas, otras actividades para desbloquearte.
  7. No hagas cosas gratis. Eso no significa que tengas que pedir dinero. Hazlas si quieres, pero piensa en si te pueden dar alguna retribución a cambio y pídelo, sin miedo. Pueden ser entradas para un concierto, una carta de recomendación, una invitación a tomar unas cañas… lo que sea y que te parezca bien. Diviértete. Aunque a veces te toquen encargos que sean aburridos, busca algo en ellos que te permita disfrutar, añade algo de tu personalidad, un toque que sea solo tuyo, un guiño que tal vez nadie más comprenda.
  8. Sé constante. No te agobies por si gusta  o no tu trabajo, por si tienes “likes” en las redes. Mantente firme y tarde o temprano darás con quien le guste.
  9. Piensa más. Pensar es algo al alcance de cualquiera. Si no tienes las mejores herramientas, dale vueltas a cómo podrías conseguir un buen resultado sin ellas.
  10. Haz siempre proyectos personales. No te dejes llevar siempre por los encargos profesionales; ten algo, un proyecto que sea solo tuyo, y busca la forma de darle visibilidad.
  11. Muéstrate en internet: antes que alguien viera tu trabajo era muy difícil, pero hoy está al alcance de cualquiera, gracias a las redes. Colgar tus dibujos, fotografías, autoeditarte, publicar un blog profesional… es algo que te permite expresarte y demostrar lo que vales.

El último punto que más me ha gustado de la charla, ha sido la parte final: la necesidad de copiar. Pero no copiar de una manera literal, fusilando el contenido de otros, sino encontrar referencias útiles en cualquier campo que puedas trasladar al tuyo. Nihil novum sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol. Es casi imposible tener una idea original, que no se le haya ocurrido antes a nadie, pero sí puedes combinar elementos de tu vida diaria para crear algo diferente.

Confío en que estas pequeñas pinceladas que he recogido de ¿Cuándo dejaste de dibujar? de Puño os animen a reflexionar y a ver la conferencia completa. De nuevo os digo que merece la pena y que extraeréis conclusiones interesantes.

Fotografía de portada: de la obra Yo leo, de Puño