Hace unas semanas me escribió un correo Rosa, una suscriptora del blog (si quieres recibir aviso de mis entradas puedes hacerlo aquí, solo envío un correo quincenal), para plantearme una duda. Había comenzado un relato en un arranque imparable de creatividad pero, llegado un momento, no sabía cómo continuar y se había bloqueado. 

¿Te suena? A mí, sí. Yo también soy una escritora bastante impulsiva, hay veces en las que trabajo por ráfagas, impulsada por un huracán incontenible de ideas. Podéis preguntar a mis contactos en Facebook, que de vez en cuando disfrutan de pequeños textos o párrafos inconexos que me he visto “obligada” a escribir —yo prefiero pensar que los disfrutan a que los sufren, claro—. Trabajar así tal vez funcione en el caso de microrrelatos o relatos muy cortos, pero puede suponer un problema cuando nos enfrentamos a un texto más largo, porque tal vez llegue el momento en que digamos: ¿y ahora qué?

El efecto Zeirganik, la escritura y el cliffhanger

¿Cómo continuo? ¿Cómo lo termino? A nuestro cerebro no le gustan nada las tareas inacabadas. Es lo que se conoce como Efecto Zeirganik. 

Este efecto debe su nombre a la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik que, en 1927, mirando trabajar a los camareros, observó la facilidad que tenían para recordar los pedidos pendientes sin servir, pero se olvidaban de ellos nada más darlos por servidos y despachados.

Este efecto refleja, por lo tanto, la tendencia de nuestro cerebro de recordar tareas inacabadas o interrumpidas con mayor facilidad que las que han sido completadas.

En el mundo literario este efecto no tiene por qué ser malo. De hecho, es un recurso del que os podéis servir para mantener en vilo a vuestros lectores. Es lo conocido como cliffhanger (literalmente, “Colgando de un acantilado” o “al borde del precipicio”), una técnica que seguro que habéis observado si leéis bestsellers —no es exclusivo de este género, claro, pero ahí se ve mucho—:  capítulos cortos en los que la escena final en cada uno de ellos queda inacabada, generando un suspense en el lector que le obliga a pasar al capítulo siguiente. También estaréis hartos de sufrir esta técnica en las series de televisión, aunque no siempre consigan su propósito. Para que veáis que no todo son bestsellers —¡menos mal!— este recurso es muy conocido por la novela Oliver Twist de Dickens. Se cuenta que los lectores estaban tan ansiosos por conocer el desenlace, que iban al muelle de Nueva York a esperar al barco que traía la última entrega.

Otro uso interesante del efecto Zeirganik tiene que ver con la creación del hábito de escribir. Si leéis de forma habitual artículos o libros sobre el proceso de escritura, veréis que una de las recomendaciones más frecuentes es que dejéis el texto a medio párrafo, o incluso a media frase, para retomarlo desde ahí en la próxima sesión de trabajo. ¿Por qué sucede esto? Además de que así ya tenéis un punto desde el que partir —es decir, que no debéis temer al efecto “hoja en blanco”—, vuestro cerebro estará deseando ponerse a escribir para acabar lo que dejó a medias el día anterior y os ayudará a esquivar la resistencia natural a crear algo novedoso.

Pero claro, no todo puede ser bueno, y ahí llegamos al problema que me planteaba Rosa al principio. ¿Qué pasa cuando nuestro cerebro está obsesionado con acabar algo pero no sabemos bien cómo hacerlo?

Pues ahí es donde le propuse algunas ideas o posibles soluciones que quiero compartir con vosotros:

Cómo superar el bloqueo en un texto

1.- Reflexiona sobre la historia antes de lanzarte. ¿Tienes bien definida la historia? A lo mejor solo cuentas con un comienzo y no has dado tiempo a que la idea madure y que puedas dibujar una estructura más o menos viable. Escribir es importante pero, a menos que quieras enfrentarte a una sesión de escritura libre, no te obsesiones: dale una vuelta, o diez, o dedícate a otras cosas mientras le vas dando forma al nudo y el desenlace. Cuando lo tengas un poco más claro, vuelve al papel con energías renovadas. ¿Qué querías contar en un principio? ¿En qué momento crees que te has desviado o te has perdido? Hazte preguntas como estas que te ayudan a recuperar el cauce narrativo.

2.- Haz un esquema. Otra cosa que te puede haber sucedido, como me pasa a mí, y que está relacionado con lo anterior, es que hayas sido un poco impetuoso al comenzar. Siéntate, coge papel y boli e intenta hacer un esquema de lo que quieres contar: trama, personajes principales, el tono que quieres darle… puede resultar muy recomendable hacer esto después del paso anterior.

3.- No te obsesiones con la calidad del texto. No sé si es tu caso, pero no dejes que el deseo de crear un texto perfecto te bloquee. Al menos no en el primer borrador. La primera fase es escribir la historia. No te vuelvas loco con los detalles o con que cada frase suene perfecta. Ya habrá tiempo después de revisarlo y darle vueltas a aquellas cosas que no te convencen.

4.- No tengas miedo a los vacíos. Si tienes la idea más o menos clara (es decir, tienes un comienzo, un nudo perfilado y un posible desenlace) y te atascas en un punto, no tengas miedo de saltar a otro punto del texto y dejar un espacio en blanco en medio que puedas rellenar más adelante. Así podrás engañar un poquito a tu cerebro y avanzar en la historia, mientras te das tiempo a repensar esos pasajes y capítulos que no tenías tan definidos en un principio. No te olvidéis de que un relato es un texto vivo, puedes volver sobre tus pasos tantas veces como quieras.

un relato es un texto vivo, puedes volver sobre tus pasos tantas veces como quieras Clic para tuitear

5.- Olvídate del texto por un tiempo. Si, a pesar de haber intentado todo lo anterior, aún estás atascado y no avanzas, deja de lado la historia que te trae por el camino de la amargura y ponte a escribir otra cosa, a ser posible algo de un género distinto (un microrrelato, un artículo, una poesía, un ensayo…). Eso sí, no dejes la rutina: sigue escribiendo y produciendo textos, mantén tu hábito de escritura y no lo verás como un fracaso. Al desconectar de la historia es posible que encuentres una solución al problema que te había bloqueado. O, quién sabe, puede que descubras que la nueva historia es mucho más prometedora y te interesa más.

6.- Haz algo diferente. Esto ya es recurrente por aquí, pero funciona: vete a dar un paseo, haz la comida, lee un fragmento de un libro, ve una película, haz punto, conduce media hora o haz cualquier otra cosa que te ayude a desconectar.

Para terminar, recuerda algo que considero muy importante: cuanto más tiempo tardes en volver a escribir, más difícil y cuesta arriba se te hará superar el bloqueo y retomar el hábito.

cuanto más tiempo tardes en volver a escribir, más difícil te será retomar el hábito. Clic para tuitear

Así que ponte manos a la obra, selecciona una de las opciones, ponla en práctica y analiza si funciona para ti. Si es así, genial. Si no, pasa a la siguiente hasta que des con una estrategia útil.

O, tal vez, tienes algún otro sistema que a ti te resulta clave a la hora de superar los bloqueos creativos. ¿Cuál es? ¿Quieres compartirlo conmigo? Tienes los comentarios a tu disposición. 

Fotografía: Neal Sanche (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)