Llevo una temporada muy enfadada conmigo misma. La razón es que no estoy escribiendo casi nada. Bueno, eso no es del todo cierto. Estoy escribiendo muchísimo, una barbaridad. Escribo tres post semanales en mis blogs, contenidos sobre ocio y cultura para otras publicaciones, hago algunos trabajos de copy… Pero no estoy escribiendo ficción. A pesar de que era uno de mis objetivos al comenzar el año.

Sí, algunas veces mis propósitos se parecen a esto.

Sí, algunas veces mis propósitos se parecen a esto.

Aunque sé que se trata de algo circunstancial y sé que, en cuanto baje mi carga de trabajo, podré recuperar el ritmo, me preocupa darme de bruces con un bajón en mi capacidad creativa.

Mucha gente cree que la creatividad es un don con el que se nace, algo innato. Y, si bien hay algunos individuos que tienen cierta facilidad para crear, la creatividad es una habilidad como cualquier otra que hay trabajar y potenciar con ejercicios todos los días.

[bctt tweet=”la creatividad es una habilidad que hay trabajar y potenciar todos los días” username=”patmimo”]

(Por cierto, por si no lo conocíais, os recomiendo que visitéis el blog de Anca Balaj. Todas las semanas propone un ejercicio para estimular la creatividad, ya sea en el campo de la escritura o en cualquier otra modalidad artística).

En las últimas semanas estoy notando ya los efectos de este bajo ritmo creativo. Es decir: me estoy enfrentando al temido bloqueo del escritor. Tengo algunas ideas apuntadas, algunos textos comenzados pero no consigo avanzar, me quedo atascada y no saco de ahí nada que me parezca mínimamente presentable.

Así que, para solucionar esta situación, he puesto en práctica una técnica muy conocida de la que quizás no has oído hablar y que te quiero explicar.

La escritura libre

La escritura libre (también conocida como escritura automática, aunque no es estrictamente lo mismo), es una técnica muy conocida para lograr desbloquear la mente. Muchos escritores la utilizan como ejercicio de calentamiento, pero también se emplea en escritura terapéutica, cuando tienes una preocupación cuya raíz no consigues encontrar.

La escritura libre puede usarse para luchar contra aquellos sentimientos que bloquean la creación literaria, como la obsesión por la perfección (que nos hace volver sobre una frase una y otra vez sin avanzar) o el miedo a no escribir nada interesante u original. Funciona porque el objetivo no es presentar un trabajo, ni enviar un texto a un certamen ni publicar nada. Lo que escribas se quedará en tu cajón y no estará expuesto a la crítica de nadie, por lo que puedes liberarte de la presión de ser juzgado o evaluado.

También es habitual usar esta técnica a modo de tormenta de ideas, para abocetar conceptos, escenas, personajes… a partir de los cuales nos podremos inspirar, en un proceso posterior, para desarrollarlas de forma más consciente.

Cómo escribir de forma libre

El proceso es muy sencillo.

  1. Decide cuánto tiempo vas a escribir: pueden ser cinco minutos, diez, treinta, una hora completa… No tiene mucha importancia aunque, para empezar, puede ser más recomendable que escojas un periodo corto (ya te hablé aquí de la resistencia de tu mente a hacer cosas que le parecen muy pesadas).
  2. Elige un tema: No hace falta que te ciñas a él (por algo se llama escritura libre), pero piensa en cómo vas a empezar. Si no se te ocurre nada, coge un libro y copia una frase al azar para empezar desde ahí. O escribe “no se me ocurre nada sobre lo que escribir”. También puedes usar propuestas de aplicaciones como Coach.me (una app para seguir la evolución de los hábitos que quieres implantar, como la escritura).
  3. Pon en marcha el cronómetro. Puedes optar por el reloj de la cocina, el cronómetro del móvil, el reloj de tu ordenador… Yo te aconsejaría que escogieras algo analógico, pero cualquier solución a tu alcance estará bien.
    reloj arena

    Yo tengo un reloj de arena de treinta minutos, que uso para la técnica pomodoro. La ilustración de detrás es de Albert Soloviev

  4. Escribe todo lo que se te pase por la mente. Y no pares en ningún momento. Si quieres seguir el tema propuesto, bien. Si no, deja que el hilo de tus pensamientos te guíe por otros caminos. Lo importante de este ejercicio es que sea ininterrumpido. Nada de pensar y meditar y darle vueltas a lo que viene a continuación: tú solo escribe y ya.

Algunas normas básicas para este ejercicio:

  • No prestes atención a la gramática o la ortografía. Suena terrible, lo sé, pero el objetivo es escribir todo lo que puedas. Ya habrá tiempo después de revisar el texto. Si usas un procesador de textos como Microsoft Word y tienes activado el autocorrector, puede desviar tu atención que las palabras se marquen en rojo cuando te equivocas al teclear. Mejor desactívalo durante el tiempo de escritura libre
  • Si te quedas a media frase y no sabes cómo continuar, haz punto y aparte. No te molestes en acabarla. Sigue escribiendo sobre la siguiente idea que te venga a la mente.
  • Si tienes una palabra en la punta de la lengua y no te sale, deja un hueco en blanco. Tampoco te pongas a consultar la RAE o un diccionario de sinónimos porque no sabes qué término es más adecuado. Un espacio en blanco, un guión bajo o cualquier otro símbolo que te recuerde después que ahí falta algo será suficiente.
  • Si te quedas sin ideas y te atascas, mira a tu alrededor. Comienza a describir lo primero sobre lo que se pose tu mirada.

Qué puedes hacer al terminar:

  • Lee de nuevo lo que has escrito.
  • Marca (o escribe aparte) aquellas ideas o frases que te parezcan más interesantes y las que crees que podrías darles continuidad en un proceso de escritura más consciente.
  • Descarta lo que no sirva: algunas veces, todo lo que escribas será basura, porque tu mente necesita desintoxicarse y sacar de ahí preocupaciones o
  • Decide cómo podrías darle continuidad al texto: ¿has escrito el guión de una novela? ¿De un relato corto? ¿Puede servirte para escribir un post? Si no ves salida a lo que has escrito, no pasa nada: descártalo y hasta la siguiente sesión. Puede ser interesante que feches el texto y lo guardes para una futura revisión, como si se tratara de un diario de escritura.

La escritura libre puedes practicarla escribiendo a mano o en un procesador de textos. Hay quien recomienda la primera opción, porque ayuda a estructurar la mente y a organizar las ideas. Sin embargo, a mí me frustra que no me dé tiempo a plasmar por escrito todo lo que pienso y que se me olvide la frase siguiente mientras escribo la anterior, así que suelo optar por el ordenador. Eso sí, intento trabajar en una aplicación que no me distraiga del objetivo, como Evernote. En Word tiendo a perderme en tonterías como ajustar el texto, aumentar el tamaño de letra o escoger una fuente “bonita”.

Este ejercicio tan sencillo de escritura libre te puede traer, como ves, muchos beneficios: además de encontrar ideas sobre las que escribir, también te ayudará a superar tus miedos (y, por lo tanto, a evitar procrastinar y dejar la escritura para mañana), ganarás confianza, despejarás la mente y desarrollarás una mayor fluidez y facilidad en la escritura 

Ahora es tu turno: ¿Has utilizado la técnica de la escritura libre alguna vez? ¿Te resulta útil? ¿Hay alguna otra que te convenza más? Tienes los comentarios abiertos para lo que quieras. 

Fotografía: Green Chameleon (Unsplash con licencia Creative Commons Zero)