La semana pasada leí el Manual revisado del Boy Scout, de William S. Burroughs, una pequeña obra que cabe en la palma de mi mano, editada con mucho mimo por la editorial La Felguera —impresión dorada sobre cubierta negra, prólogo de Genesis Breyer P-Orridge e ilustraciones y fotografías clásicas de boy scouts americanos—. Al margen de su valor literario, lo que llama la atención es que adopta la forma de un manual anarquista que incita a terminar con la monarquía británica, las circunstancias de su publicación —Burroughs lo mantuvo oculto durante muchos años y luego lo destruyó o extravió, conservándose en formato audio grabado de su propia voz— y el entorno económico, político y social en que fue concebido.

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William S. Burroughs

Uno de los puntos que me llamó la atención fueron las sucesivas referencias de P-Orridge a los cut-ups y a su uso por parte de Burroughs tanto en obras literarias —aunque no en este Manual revisado del Boy Scout— como en archivos de audio y vídeo. Esta técnica, a la que Burroughs consideraba una estrategia para “cortocircuitar el control”, me provocó la suficiente curiosidad como para profundizar un poco más en ella, comenzando por su trasfondo histórico:

La historia de los cut-ups

Las primeras referencias a esta técnica se remontan a los años veinte, cuando el poeta, escritor y ensayista rumano Tristán Tzara se ofreció a crear un poema de forma aleatoria sacando palabras de un sombrero.

En los años cincuenta, el pintor y escritor Brion Gysin redescubrió esta técnica de forma casual, al recortar con una cuchilla las hojas de periódico que usaba como protección de la mesa de trabajo y darse cuenta de que las páginas recortadas ofrecían un resultado interesante. Así, comenzó a llevar a cabo este proceso de forma intencionada con artículos de periódicos, dándole un nuevo significado a su contenido.

Gysin fue quien le mostró esta técnica a William S. Burroughs, y ambos la aplicaron en diversos campos de experimentación, desde textos impresos a grabaciones de audio o vídeo, buscando el significado auténtico de los documentos originales. Burroughs también sugirió que la técnica de recortes podía ser utilizada como un método de adivinar el futuro (“Cuando se cortan líneas de palabras el futuro se filtra”).

A su vez, William Burroughs le enseñó la técnica de cut-ups a Genesis P-Orridge en 1971, quien ha usado con posterioridad esta técnica como una nueva forma de crear arte y música. También se la mostró a otros músicos y artistas coetáneos. Por ejemplo, David Bowie la utilizó en algunas de las letras de sus canciones, como también lo hizo Kurt Cobain.

Volviendo a los orígenes del sombrero de Tzara, Thom Yorke aplicó una metodología similar en el disco Kid A de Radiohead (2000), escribiendo solo líneas separadas, poniéndolas en un sombrero y sacándolas aleatoriamente mientras la banda ensayaba las canciones.

Estos son sólo algunos de los casos en los que se ha aplicado a lo largo de la historia esta técnica, que tiene una metodología relativamente sencilla y aleatoria.

La técnica cut-ups o de recortes

En primer lugar, quiero enseñaros un vídeo en el que el propio Burroughs habla de esta técnica y de cómo la aplicó junto con Brion Gysin (en inglés). Es muy explicativo y os podréis hacer una idea, mediante ejemplos, de a qué está haciendo referencia:

La técnica del cut-up o recorte tiene mucho que ver con el surrealismo, con la creación automática sin actuación consciente aparente. 

Su aplicación es muy básica: se parte de un texto primario o primigenio para, por medio del recorte aleatorio y extracción de palabras, formar nuevas frases y párrafos y dar lugar a un nuevo escrito diferente del original pero, en cierta forma, engarzado con él. Se basa en el caos y en el libre flujo creativo de ideas y de la intuición. 

Una forma aplicar esta técnica es cortar una hoja en cuatro partes rectangulares, para reordenarlas después y usar vuestra habilidad escribiendo sobre la prosa de cada fragmento y lograr que la nueva ordenación tenga cierto sentido.

Sobre esta técnica, Burroughs decía en la entrevista concedida a Tamara Kamenszain en 1975:

La experiencia misma es un cut-up, y esto se ve claramente en la experiencia de escribir. No se puede escribir sin ser interrumpido por todo lo que viene a la cabeza y por todo lo que se ve. Su experiencia como persona adulta no es lineal, está interrumpida por todo tipo de arbitrarias yuxtaposiciones. Pero esos “restos” no se sabe cómo meterlos cuando se escribe linealmente. El montaje, en cambio, los integra.

Los textos en formato electrónico permiten ir más allá en esta técnica, aplicando la tecnología en el recorte y posterior pegado de las palabras. Un ejemplo sería el trabajo de Tina Escaja, Pinzas de metal (2003), en la que el lector interactúa con la obra escogiendo los fragmentos de forma aleatoria. Otro ejemplo interesante sería Prensado en Frío, de Miriam Reyes, que lleva en funcionamiento desde el año 2011.  En este caso, al apretar un botón, se genera una poesía aleatoria a partir de versos de antiguos poemas de la autora. También podría interesaros, si tenéis curiosidad, la obra de la poeta y escritora española-argentina Belén Gache.

Si queréis leer algo más sobre esta técnica, podéis leer este artículo publicado en Open Culture, o este otro de Marisa Doménech, extensísimo y muy completo que os recomiendo, en los que profundizan un poco más en la técnica y en algunos ejemplos de su aplicación.

Como podeis ver, la técnica de cut-ups combina, en cierto modo, literatura, arte y tecnología informática para dar sentidos nuevos a una obra original, remezclando, extrayendo o añadiendo elementos hasta crear una nueva obra, que también consideraría original, a pesar de no serlo en un principio.

¿Conocías la técnica creativa cut-ups? ¿La has puesto en práctica en alguna ocasión, ya sea en la escritura o en cualquier otra disciplina literaria? ¿Cuál fue tu experiencia? Tienes los comentarios a tu disposición.

Fotografía de portada: kilgarron (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)

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