Hace unos meses estuve en contacto con una profesional que afirmaba nunca poner nada por escrito. Se creía capaz no sólo de recordarlo todo, sino también de organizar sus ideas con precisión sin tener que recurrir a un cuaderno o a un procesador de textos para garabatear un esquema o preparar un borrador.

Lo considero un caso muy atípico y dudo incluso de que pueda asegurar con tanta rotundidad que cumple lo que comenta. Al margen de que el cerebro tiene una capacidad limitada para recordar cosas y que está demostrado que ponerlas por escrito ayuda a centrar la atención en lo que estamos haciendo en ese momento, los beneficios de la escritura son varios, en especial si atendemos a su función en el aprendizaje. 

Hoy quería hablar de algunos de ellos. Más en concreto, voy a centrarme en dos de las funciones básicas de la escritura, estemos hablando de literatura de ficción o de textos académicos o de no ficción.

Función epistémica de la escritura

Poner las ideas por escrito tiene un efecto importante: ayuda a modificar y ampliar la comprensión del tema sobre el que estemos pensando. La función epistémica de la escritura ayuda a establecer lazos relacionales entre los diversos conocimientos que ya tenemos y a crear nuevas ideas a partir de ellos. Es decir, más que representarlos, estamos construyendo conocimientos a medida que los escribimos.

Cuando escribimos, tienen lugar dos etapas sucesivas:

Traducción

La traducción es el proceso por el que ponemos por escrito lo que estamos pensando.

Cuando queremos redactar un texto y escribir algunas ideas, ya sea un relato, una novela, un informe o incluso una entrada en nuestro diario personal, estamos obligados a llevar a cabo una serie de procesos: jerarquizamos la información de que disponemos en relación al tema, decidimos el orden de presentación de los argumentos o ideas que queremos plasmar para convencer al lector final, seleccionamos entre todas las palabras, términos o expresiones disponibles aquellas que se ajustan mejor a lo que queremos expresar, de acuerdo a su contexto y significado, nos obligamos a trasladar ideas vagas y sensaciones a algo más concreto como es un texto…

Si hacemos este proceso con frecuencia veremos que con el tiempo ganamos en precisión en la utilización de vocablos y que también aumenta nuestra comprensión de los textos que escribimos.

Revisión

La revisión es el es el proceso inverso, cuando analizamos lo que hemos escrito y vemos si se ajusta a lo que estábamos pensando.

Después de poner una idea por escrito llevamos también a cabo un proceso fundamental: nos ponemos del lado del lector potencial, del receptor del texto que estamos escribiendo. Por un lado, podemos comprobar si la idea general que queríamos transmitir está clara, si el texto se ajusta a lo que esperábamos contar y lo hace de la forma adecuada.

Esta etapa es también aquella en la que descubrimos ideas que están de más, imperfecciones, redundancias, cacofonías… que suelen pasar desapercibidas cuando estamos sumergidos en lo que se conoce como proceso puro de escritura —es decir, en el primer borrador—. De esto ya os había hablado en el Bonus Track de mi entrada Revisión: cinco formas de mejorar tus textos. Como ya comenté allí, además de todo lo expuesto, la revisión también ayuda a encontrar el ritmo —o musicalidad— más adecuado expresar nuestro contenido.

Pero, además, en este proceso de revisión suelen darse conexiones adicionales de las que no nos habíamos percatado cuando la idea estaba en nuestras cabezas, y también formamos nuevos argumentos que pueden tener cabida en el texto original —o pueden dar lugar a un texto nuevo—.

Escribir nos obliga a reflexionar sobre el contenido y contribuye a que nos distanciemos y veamos diferentes posturas sobre el mismo. Sin la escritura el pensamiento no pensaría como lo hace, no sólo cuando escribe sino cuando piensa de manera oral. Walter Ong llama a esto reestructuración de la conciencia por la escritura.

En el caso de la literatura de ficción, la función epistémica es especialmente importante, ya que tenemos que ser capaces de crear mundos coherentes, aparentemente reales, donde nos tendremos que apropiar de voces ajenas a la propia. Y para estar seguros de haberlo conseguido tendremos que pasar por las dos fases.

Función pedagógica de la escritura 

El segundo beneficio de escribir es el más evidente: a escribir se aprende escribiendo. A medida que insistáis, os resultará más sencillo poner por escrito las ideas que se os ocurran. Puede que al principio necesitéis de varios borradores y que, a medida que avancéis en vuestro aprendizaje, podáis reducirlo a uno o dos antes de dar con el texto definitivo.

Aún así, no olvidéis que la escala de aprendizaje a través de la escritura es infinita. Nunca llegaréis al punto en que hayáis escrito lo suficiente como para poder decir que la escritura no puede ofreceros nada nuevo, ni jamás se lo oiréis decir a ningún escritor profesional. Incluso aquellos que llevan veinte o treinta años o más años escribiendo os dirán que la práctica les sigue resultando fundamental.

Pero, por supuesto, cuanto más escribáis más fácil os resultará

Cómo aplicar los beneficios de la escritura

En la mayoría de los textos académicos se establece una diferencia entre escritores inmaduros o escritora expertos.

Los primeros son aquellos que se limitan a trasladar al papel sus conocimientos. Recordad cuando respondíais a las preguntas de un examen. Qué os resultaba más fácil: ¿aquellas donde sólo teníais que “copiar” un fragmento dellibro de texto que habíais memorizado? ¿o aquellas en las que se os pedía analizar o argumentar un tema partir de lo aprendido en ese mismo libro?. En el primer caso, estaríais actuando como un lector inmaduro; en el segundo, como un lector experto. 

Pero los escritores expertos, aquellos a quienes deberíais tomar como referente, son aquellos vuelven a escribir el texto a partir del proceso de revisión, lo que supone que van a ampliar algunos puntos, reducir otros, recolocar elementos que no tengan sentido en su posición inicial o sustituir términos por otros más precisos que expresen mejor lo que quieren decir. Y eso es a lo que  deberíamos aspirar, por eso es fundamental que pongamos por escrito nuestras ideas, aunque sea mediante un simple borrador o esquema.

¿Soléis escribir para aclarar las ideas? ¿Habéis apreciado los beneficios de ponerlas por escrito? Tenéis los comentarios a vuestra disposición. 

Fotografía de portada: SidewaysSarah (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)