Hace un tiempo me encontré con este póster en la red y me ha apetecido mucho recuperarlo para vosotros. Puede que algunos lo conocierais ya, pero creo que no está de más reflexionar un poco sobre los puntos que contiene. Se titula The only 12 1/2 writing rules you’l ever need (las doce reglas y media que necesitas para escribir), y he pensado que podríamos reflexionar un poco sobre las normas que contiene. Por cierto, si os gusta, se vende en bastantes páginas online, sólo tenéis que poner en el buscador el título, aunque tampoco es muy complicado que os preparéis vuestra propia versión hecha en casa.

the only 12 1/2 writing rules you'll ever need, las doce reglas y media para la escritura que necesitas

1. Si escribes todos los días, cada día escribirás mejor.

Así de básico. Si me pedís que me ciña a una sola norma, me quedaría con esta —aunque yo luego no la cumplo siempre—. Escribir a diario trae consigo una ingente cantidad de beneficios: en primer lugar, el día diez escribir os resultará muchísimo más sencillo que el día uno. A medida que cojáis una rutina (de esto se habla más tarde), notaréis que os requiere menor esfuerzo abrir el procesador de textos y empezar a teclear.

Por supuesto, también notaréis mayor fluidez en vuestros textos, aprenderéis a desarrollar vuestro propio estilo, empezarán a surgir temas e ideas donde antes todo era campo yermo o bloqueo del escritor, empezaréis muchos proyectos —que no siempre vais a terminar, pero no todas las ideas acaban en una novela, alguna se pierden por el camino—, mejorará vuestra capacidad de expresión… Todo esto no sólo se reduce a escribir ficción, claro está, sino que también es aplicable para cualquier persona que quiera escribir mejor, ya sea un diario, un libro de gratitud, una noticia periodística…

2. Si te aburre a ti, aburrirá a tu lector.

Decía el escritor Albert Vázquez con motivo de una entrevista sobre su nueva novela, Hambre a borbotones, que «Aburrir a un lector que se ha gastado 22 euros en tu novela es como para molerte a palos» y estoy bastante de acuerdo con su opinión, aunque tampoco hay que llegar a esos extremos.

El escritor, al menos el de ficción, debería tener como obligación moral entretener a su lector —y, la verdad, creo que el escritor de no ficción también, aunque luego haya propósitos más sesudos entre sus objetivos—. Olvídate de intentar escribir frases eternas llenas de adjetivos sin sentido para que todo parezca más profundo. Hacen falta detalles, sí. También crear un ritmo adaptado a lo que quieres transmitir, cambiar el largo de las frases de forma constante para romper con la rutina… Hay mil formas de lograr evitar que el lector suelte un sonoro bostezo en la página diez. Probablemente esa es también la página en la que dejará caer el libro al suelo.

3. Desarrolla una rutina de escritura y aférrate a ella.

Para mí este punto está muy interconectado con el primero, aunque va mucho más allá del simple hecho de escribir todos los días. Una rutina puede ser, por ejemplo, preparar un té justo antes de ponerte a escribir: llegado un momento, notarás que mientras el agua se calienta, las ideas se agolpan en tu mente listas para ser volcadas en la página en blanco.

En este artículo podréis leer algunas de las rutinas de escritores famosos. Pero me voy a quedar con la frase de María Popova, que comenta que es absurdo pensar que  por repetir lo que hacía una de estas figuras de la literatura vamos a conseguir escribir obras de la misma calidad literaria. No, pero puede que nos den una idea que nos sirva para adaptarla a nuestra propia rutina diaria, personal e intransferible, que hará de escribir algo más sencillo.

4. La poesía no tiene por qué rimar. La poesía no tiene por qué no rimar.

Aquí me habéis pillado. La verdad es que yo no leo poesía, no por desprecio del género, sino por absoluto desconocimiento, algo a lo que espero poner solución más pronto que tarde. Mis últimas referencias poéticas son las del instituto, y ahí sí que estaba todo sujeto a una rima y a una estructura muy rígida.

Pero sí que pienso que la poesía va mucho más allá de una mera construcción, es la capacidad de evocar, de llevarnos más allá de las propias palabras escritas, de provocar sentimientos agradables o desagradables… y eso se puede conseguir de muchas formas. ¿Por qué no iba la poesía a innovar, a desembarazarse de estructuras clásicas y volverse más transgresora? Me parece algo muy interesante, en este y en cualquier otro género literario.

5. Enfréntate a los estereotipos, en la vida real y en la escritura.

El concepto de estereotipos creo que se puede abarcar por distintos caminos. Puede tratarse de frases o expresiones hechas que estamos más que hartos de leer, como “era blanco como la nieve”, “cálidos aplausos”, “recibir un jarro de agua fría”… no llegan a la categoría de refranes, pero son tan habituales que restan valor creativo al texto y denotan cierta falta de estilo propio. Eso no significa que tengamos que prescindir totalmente de ellas (por ejemplo, en boca de un personaje pueden llegar a tener mucho sentido), pero hay que identificarlas y

Luego están, por supuesto, los estereotipos al uso, tema que se trató en las últimas jornadas Construyendo lectoras y lectores, donde se trataron cuestiones como que las niñas son siempre dulces, ordenadas o atentas; los niños son traviesos o aventureros, los personajes de razas distintas a la nuestra son siempre los villanos de la historia, las personas mayores son inútiles, enfermizas o improductivas… Son aspectos culturales, étnicos, de edad, de raza, de sexo… que a lo largo de la historia se han ido identificando con determinados rasgos literarios. En la medida de lo posible y salvo que venga justificado por el argumento de tu historia, deshazte de estas ideas preconcebidas.

6. Los escritores leen. Los escritores leen mucho. Los escritores leen todo el tiempo.

Todo el tiempo no, claro. También escriben, y comen, y duermen, y algunos dicen que incluso tienen vida social. Leer ayuda a crear un estilo, a ampliar vocabulario, a descubrir nuevas formas de expresión y estructuras literarias… leer ayuda también a desear ser mejor cuando ves lo que son capaces de hacer otros escritores y te propones alcanzarlos. Leer enseña a deconstruir las historias de los demás, a darte cuenta de los elementos que las componen para luego aplicarlos en tus propios relatos.

He encontrado en las redes este otro artículo titulado De los escritores que no leen, que me ha encantado por esa sutil ironía con la que trata el tema.

Y si no sabéis por dónde empezar, aquí os recomiendo un montón de libros.

7. Haz listas de tus libros favoritos, tus palabras favoritas, y de lugares y de cosas

En este caso, yo me quedaría con la idea que busques la inspiración en cualquier parte. No solo en libros, aunque también, sino en cada lugar por el que pases, en cada situación que te llame la atención, en cada persona que te inspire con un gesto o una palabra…

Esta semana Yorokobu compartía un artículo titulado Los genios que buscaban la creatividad caminando. La verdad es que a mí se me ocurren un montón de cosas cuando paseo sin un objetivo concreto. A veces son temas laborales, pero en muchas ocasiones son ideas fugaces que tal vez puedan desembocar en una historia interesante.

8. Una historia no siempre tiene que contener una lección moral.

Hay autores que me causan cierta repulsión porque, a pesar de escribir libros increíbles, encierran en el fondo una moralina, un intento de obligarme a pensar como ellos, que va en contra de mis principios morales. Sí creo que es interesante leer opiniones contrapuestas a las nuestras, ampliar miras, pero, a la hora de escribir, el objetivo primero creo que debe ser entretener y hace pasar al lector un rato entretenido.

Claro que, por entretenido, el lector puede entender muchas cosas, desde estar un rato despistado y olvidarse de sus preocupaciones hasta aprender algo nuevo e interesante. La literatura puede pasar por dar a conocer otras perspectivas morales, pero no necesariamente por impregnar con ellas al lector, aunque es cierto que, desde que somos niños, esas lecciones vienen incluidas por defecto en la mayoría de los cuentos populares infantiles.

9. Lleva siempre contigo un cuaderno. Lleva siempre contigo un bolígrafo de recambio.

De esto he hablado ya en muchas ocasiones y ya sabéis que soy adicta a apuntar todo lo que se me ocurre, algo que también viene influenciado por mi mala memoria y mi tendencia a olvidar todas las cosas importantes.

Tal vez sí que actualizaría un poco la frase: lleva contigo siempre algo donde apuntar, pero no necesariamente un cuaderno. También te sirve un móvil: saca una foto de ese cuadro que te inspira para componer algo —si está permitido, claro—, apunta en una nota lo que sientes en algún momento en concreto, utiliza las notas de voz para grabarte mientras caminas o estás en el coche… Lo importante es que no dejes escapar esas ideas, porque te advierto de que es posible que no vuelvan otra vez o queden enterradas tan profundo que no puedas rescatarlas.

10. Date un paseo. Baila. Arranca las malas hierbas. Friega los platos. Escribe sobre ello.

De forma resumida: vive al margen de la literatura. Habrá casos en que pueda ser así, pero la mayoría de los escritores tienden a volcar, de una forma más o menos fantasiosa, vivencias personales. No es bueno estar concentrado veinticuatro horas al día en un texto. Os recuerdo la regla de las 3B de la creatividad: Baño, autobús y cama (bath, bus y bed en inglés): las mejores ideas surgen en las situaciones más inesperadas.

Aprovechad en la medida de lo posible a experimentar y vivir situaciones diferentes. Y no me refiero a que vayáis hasta el Himalaya. A veces, sólo con cambiar el camino por el que vuelves del trabajo a casa es suficiente.

11. No te aferres a un estilo. Prueba algo nuevo.

Sobre todo al principio, hasta que aprendas a desenvolverte con mayor soltura, anímate a plantearte retos en la escritura: ¿Qué tal si escribes un relato donde todo sean diálogos? ¿Te ves capaz de condensar una idea en un microrrelato que ocupe la extensión de un tuit? Si escribes siempre en primera persona, intenta crear algo en tercera, o en primera del plural; prueba a escribir una historia en forma de correspondencia entre dos personajes o una epístola; si eres mas de acción y diálogos y sabes que tu punto débil son las descripciones, trata de centrarte más en ellas para ganar en soltura y confianza.

Todo esto te ayudará a mejorar tu estilo y hacerlo más rico y profuso en matices.

12. Aprende a contar los dos lados de una historia.

No te limites a escribir sobre tu visión moral de la vida. Una de las cosas más divertidas de la ficción es que puedes escribir desde el punto de vista de un asesino en serie, por ejemplo, y dar rienda suelta a un lado oscuro que tal vez no sepas ni que tienes. Amplia tus miras y verás cómo se abre ante ti un mundo de posibilidades y de historias que hasta ese momento creías que te estaban vetadas.

12 y 1/2. Deja de leer esto ¡Escribe algo!

Esto no hay ni que explicarlo.

¿Qué te han parecido estas “reglas”? ¿Añadirías alguna más de tu cosecha? Tienes los comentarios a tu disposición para hablar de lo que más te apetezca y contarme si sigues estas normas o no, si te funcionan… 

Fotografía: Courtney Dicks (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)